martes, 31 de enero de 2017




Bésame

Bésame como si no me quisieras pero, bésame.
Descúbreme el dulzor de la noche escondida en tus parpados cuando los cierras, descúbremelo sin decírmelo pero, no me dejes morir en esa ignorancia.
Y así, así cada noche te reclamo a gritos silenciosos mientras me envuelvo en ellos, para que la tumba de sabanas frías que dejaste, me amortajen en las húmedas noches de agosto.
Escúchame rogarte sin palabras que rompan este silencio.
Escúchame aunque tus oídos solo escuchen palabras de otra boca.
Escúchame…aunque no me oigas.
El silencio cómplice, que ni me da la razón ni me la quita, pero ahí está, como última compañía. Pobre del hombre que solo se alimenta de sombras más, ¿acaso ellas no comparten también mi tristeza? ¿Acaso su vestido de ceniza no se lo pusimos nosotros desvistiéndola del ropaje floreado? No puedo pedirle otra cosa que arrastre sus pies, en este campo tan yermo.
Seguramente unos labios carnosos, húmedos de esperanza, vendrán a devolver la vida a este árbol torcido que a duras penas florece. Vendrán ¡tienen que venir! Pues si no creyera en ello,  ni tan siquiera estas lagrimas que hoy derramo tendrían valor alguno.
Pues llorando creo.
Pues llorando sigo vivo.

Pues llorando…aún tengo esperanza.