lunes, 29 de abril de 2013

Tiempo



Tiempo
Nos falta tiempo para ver crecer la vida,
Nos falta tiempo para amarnos sin prisa mientras corremos.
Si volviéramos a nacer entre los trigales del tiempo imperfecto,
Del amor no declaro, acaso culpable de nacer de una sonrisa imperfecta,
Acaso de un abrazo que solo el viento y la distancia entienden y abrigan.
Nos falta tiempo para desojar el propio tiempo,
Nos falta tiempo para ese beso furtivo, ese que solo existe en los deseos,
Ese tan buscado en los rincones de esa cebolla que a cada capa nos hace llorar.
Nos falta tiempo para lograr tiempo querida, nos falta tiempo

domingo, 3 de marzo de 2013

Ella





Ella


Si hoy, fuese capaz solo durante un instante, un solo instante de mostrarte con palabras el palpito de mi corazón, ese momento que durante un instante es capaz de sobresaltar mi sueño, de abrir mis ojos en la oscuridad de la noche, de hacerme llegar los temores guardados en lo más recóndito de mi alma.
Si fuese durante un instante capaz de explicarte porque llora un alma entre rincones de felicidad pasada. Olas de un mar bravío de sentimientos encontrados. Como me gustaría que vieras mis ojos plagados de arrugas, superpuestas una sobre las otras, cruzándose la felicidad del recuerdo, con el arado sangrante de lágrimas secas que riegan esos campos.
Si hoy fuese capaz de explicarte con una sola palabra, mil manuscritos narrados a cada segundo que pase contigo. Contemporizar el transcurso inmortal de un segundo contigo,  donde hasta el tiempo se detenía en el quicio para sonreír y  detenerse en  su caminar para disfrutarlo ¡¡Si fuese capaz!!
Zozobras escondidas entre sonrisas de distancia, brindándole ese beso a la nostalgia, evocándola, llamándola por tu nombre, porque tu nombre es el dueño de ese latido.
Si solo eso pudiera, si solo eso pudiera…entenderías mi pena, entenderías porque al abrir los ojos cada mañana, verías tu nombre escondido en sus pupilas.
Solo quizás entonces, entenderías esta pena que arropa mi corazón que preñado de amor te dice con pobres palabras…te quiero.



Ella (epilogo)
El tiempo se impacienta y tira de mi pelo mientras, el viento barre con premura las lágrimas que nacieron para sentirse únicas.
El tiempo del escrito se acaba dejando paso al pasado presente que un día, dejara de ser futuro. Con suerte, el tiempo rendirá pleitesía a la tozudez de esta alma atormentada. Quizás, con suerte tenga benevolencia  y le dé el descanso del rendido, que hincó rodilla rindiendo sus pobres armas de carton piedra, que así, es como queda un corazón que perdió el último tren de su felicidad. Porque si acaso es mentira pasajera, más cierto es que para él, ya no hay batalla ganada, ni recompensa, ya solo hay vacío que no se llena.
Más…¿Para qué mentirnos? Solo acaso la muerte y aun así lo dudo, deja la esperanza  efímera como la luz de una vela en medio de la tormenta. Tremula,  luchando por sobrevivir en un mundo de realidades difusas, de esperanzas baldías.
La esperanza, daga afilada, aliada odiada del sueño. Aquella que nos reconforta como dulce veneno ante la espera de ese Sol que ilumine nuestro próximo mañana.

lunes, 28 de enero de 2013



La pérdida.



Hoy volví a encontrarme con viejas letras perdidas o acaso olvidadas en

el fondo del cajón. Las miré sin disimulo apartando facturas sin pagar,

 de esas que la vida te recuerda que están en el debe de tu pasar por

esta vida. Miro una de ellas al azar, Manuel, sí, sí, lo recuerdo bien. Fue

sobre el 97 creo, más concretamente en Abril. Me ayudó en aquellos días

aciagos con su compañía, con su buen hacer en esos días en que la vida

te golpea con la crudeza que quizás te ganaste a pulso. Recuerdo que me

hundí en la miseria, perdí amigos, perdí todo y sólo él estuvo.

Un par de años más tarde, todo me iba viento en popa y un amigo común

me habló de Manuel; estaba en la ruina, esta vez le tocó a él. Un amor de

infaustas consecuencias que le llevó a ese abismo de donde es difícil salir. Sí,

sí, quise ir en su ayuda más hoy, por cosas urgentes; al día siguiente por

otros aconteceres que no recuerdo, no acudí a saldar mi deuda y así, ese

mismo amigo, dos meses más tarde, me avisó por si quería ir al entierro.

Manuel se había suicidado, no pudo aguantar más o quizás, simplemente

se cansó de luchar. No fui, tenía una reunión a la que no podía faltar y

desde ese día, esa factura siempre está en este cajón del escritorio. La veo

cuando lo abro y suelo romperla como otros tantos papeles de mi pasado;

mas, cada vez que vuelvo a abrir ese cajón, aparece de nuevo impoluta

esa factura, ya no me extraña verla, ni otras tantas a las que presto más o

menos atención .

Supongo que un día tendré que pagar todas esas facturas, no sé cómo ni

cuándo, pero ahí están para recordarme que soy deudor de mí mismo.


Voy con las puntas de los dedos cogiendo una a una las pequeñas y

escurridizas letras, éstas por su parte, parecen jugar al gato y al ratón con

mis dedos. Veo la “uve doble” esconderse en la ranura de una esquina

del cajón, la “e” se arrastra debajo de una póliza de pago ya caducada

y yo, mecánicamente, voy en su busca y captura. Un rato de pesca, una

astilla del viejo cajón que parece quererlas ayudar alargando su triste

agonía de ser cazadas, hiriendo uno de mis dedos. Con rapidez lo retiro y

automáticamente lo chupo con presteza antes de proseguir ese acoso a

las letras restantes que quietas, parecen haberse rendido a la evidencia de

ser cazadas una a una.


Sobre un papel blanco se amontonan una sobre la otra, rendidas,

exhaustas, viendo la luz después de tanto tiempo ¿Cuánto hace que no

volvía a poner letras sobre un papel inmaculado?

Durante unos segundos reflexiono, no, sinceramente ya no lo recuerdo

¿Fue el año pasado o quizás el otro? Durante unos segundos siento el

desconcierto, no soy capaz de recordar cuando escribí mi ultimo cuento y

eso, me hace sentir inseguro.

Sonrío. Recuerdo cuando antes, las letras salían solas del cajón, alegres

dicharacheras ellas, bailaban al son de mi imaginación, componían

sinfonías para los ojos .

“Había una vez…”

“ En aquel viejo páramo…”

“Su mirada vino hacia mí…”


Ellas solas, esas letras que hoy me rehuyen, que escapan de mis dedos

temerosas de mi; esas mismas letras antes eran alocadas historias de

amor, de tristeza, de todo aquello que estaba vivo. Ahora parecen

rehuirme y cada letra, cada frase que en este tiempo escribí y que terminó

en la papelera, fue escrita con sudor y lágrimas, frases forzadas, letras

encadenadas a mis dedos, obligadas más por mi obcecación que por mi

inspiración. Fracasos antes de nacer.


Ya está, no falta ninguna; las cuento varias veces, más algo no está bien.

Amontonadas sobre ese papel, que parece más una mortaja que no el

reino donde se plasmará aquella historia que llevo tanto tiempo deseando

escribir. Pero no, las miro ahí amontonadas sin vida, sin esa vitalidad que

desprendían y que, a mí, me hacían sentir vivo ¿Qué está fallando?


Como una explosión en la cabeza sé lo que falta. Con un temor

irreverente, mi mano vuelve a introducirse en el cajón, nervioso voy

apartando las facturas de mi vida sin contemplación. Ahora no importan.


Nervioso, termino sacando el cajón, con violencia y volcándolo sobre la

mesa mientras mi corazón palpita aceleradamente.


Rebusco una, dos, tres veces los mismos papeles, cualquier rincón de

ese cajón en busca de una grieta milagrosa donde se hubiera podido

esconder.

Abatido, rendido ante la evidencia, me dejo caer sobre la silla mientras

miro esas letras amontonadas sobre el papel y un par de lágrimas rebeldes

se deslizan en silencio. Son el prólogo de un llanto desconsolado ante la

pérdida de lo mas valioso, de lo más importante que aun guardaba en la

recámara de mis sueños.


Oigo de fondo acercándose el final; sus pasos anuncian su próxima

llegada. Esto se acaba. Porque perdí lo mas importante, eso que me hacía

revolver este cajón de vez en cuando, con esa esperanza que nunca se

pierde.

En ese cajón, ya no esta la ilusión.