domingo, 3 de marzo de 2013

Ella





Ella


Si hoy, fuese capaz solo durante un instante, un solo instante de mostrarte con palabras el palpito de mi corazón, ese momento que durante un instante es capaz de sobresaltar mi sueño, de abrir mis ojos en la oscuridad de la noche, de hacerme llegar los temores guardados en lo más recóndito de mi alma.
Si fuese durante un instante capaz de explicarte porque llora un alma entre rincones de felicidad pasada. Olas de un mar bravío de sentimientos encontrados. Como me gustaría que vieras mis ojos plagados de arrugas, superpuestas una sobre las otras, cruzándose la felicidad del recuerdo, con el arado sangrante de lágrimas secas que riegan esos campos.
Si hoy fuese capaz de explicarte con una sola palabra, mil manuscritos narrados a cada segundo que pase contigo. Contemporizar el transcurso inmortal de un segundo contigo,  donde hasta el tiempo se detenía en el quicio para sonreír y  detenerse en  su caminar para disfrutarlo ¡¡Si fuese capaz!!
Zozobras escondidas entre sonrisas de distancia, brindándole ese beso a la nostalgia, evocándola, llamándola por tu nombre, porque tu nombre es el dueño de ese latido.
Si solo eso pudiera, si solo eso pudiera…entenderías mi pena, entenderías porque al abrir los ojos cada mañana, verías tu nombre escondido en sus pupilas.
Solo quizás entonces, entenderías esta pena que arropa mi corazón que preñado de amor te dice con pobres palabras…te quiero.



Ella (epilogo)
El tiempo se impacienta y tira de mi pelo mientras, el viento barre con premura las lágrimas que nacieron para sentirse únicas.
El tiempo del escrito se acaba dejando paso al pasado presente que un día, dejara de ser futuro. Con suerte, el tiempo rendirá pleitesía a la tozudez de esta alma atormentada. Quizás, con suerte tenga benevolencia  y le dé el descanso del rendido, que hincó rodilla rindiendo sus pobres armas de carton piedra, que así, es como queda un corazón que perdió el último tren de su felicidad. Porque si acaso es mentira pasajera, más cierto es que para él, ya no hay batalla ganada, ni recompensa, ya solo hay vacío que no se llena.
Más…¿Para qué mentirnos? Solo acaso la muerte y aun así lo dudo, deja la esperanza  efímera como la luz de una vela en medio de la tormenta. Tremula,  luchando por sobrevivir en un mundo de realidades difusas, de esperanzas baldías.
La esperanza, daga afilada, aliada odiada del sueño. Aquella que nos reconforta como dulce veneno ante la espera de ese Sol que ilumine nuestro próximo mañana.

lunes, 28 de enero de 2013



La pérdida.



Hoy volví a encontrarme con viejas letras perdidas o acaso olvidadas en

el fondo del cajón. Las miré sin disimulo apartando facturas sin pagar,

 de esas que la vida te recuerda que están en el debe de tu pasar por

esta vida. Miro una de ellas al azar, Manuel, sí, sí, lo recuerdo bien. Fue

sobre el 97 creo, más concretamente en Abril. Me ayudó en aquellos días

aciagos con su compañía, con su buen hacer en esos días en que la vida

te golpea con la crudeza que quizás te ganaste a pulso. Recuerdo que me

hundí en la miseria, perdí amigos, perdí todo y sólo él estuvo.

Un par de años más tarde, todo me iba viento en popa y un amigo común

me habló de Manuel; estaba en la ruina, esta vez le tocó a él. Un amor de

infaustas consecuencias que le llevó a ese abismo de donde es difícil salir. Sí,

sí, quise ir en su ayuda más hoy, por cosas urgentes; al día siguiente por

otros aconteceres que no recuerdo, no acudí a saldar mi deuda y así, ese

mismo amigo, dos meses más tarde, me avisó por si quería ir al entierro.

Manuel se había suicidado, no pudo aguantar más o quizás, simplemente

se cansó de luchar. No fui, tenía una reunión a la que no podía faltar y

desde ese día, esa factura siempre está en este cajón del escritorio. La veo

cuando lo abro y suelo romperla como otros tantos papeles de mi pasado;

mas, cada vez que vuelvo a abrir ese cajón, aparece de nuevo impoluta

esa factura, ya no me extraña verla, ni otras tantas a las que presto más o

menos atención .

Supongo que un día tendré que pagar todas esas facturas, no sé cómo ni

cuándo, pero ahí están para recordarme que soy deudor de mí mismo.


Voy con las puntas de los dedos cogiendo una a una las pequeñas y

escurridizas letras, éstas por su parte, parecen jugar al gato y al ratón con

mis dedos. Veo la “uve doble” esconderse en la ranura de una esquina

del cajón, la “e” se arrastra debajo de una póliza de pago ya caducada

y yo, mecánicamente, voy en su busca y captura. Un rato de pesca, una

astilla del viejo cajón que parece quererlas ayudar alargando su triste

agonía de ser cazadas, hiriendo uno de mis dedos. Con rapidez lo retiro y

automáticamente lo chupo con presteza antes de proseguir ese acoso a

las letras restantes que quietas, parecen haberse rendido a la evidencia de

ser cazadas una a una.


Sobre un papel blanco se amontonan una sobre la otra, rendidas,

exhaustas, viendo la luz después de tanto tiempo ¿Cuánto hace que no

volvía a poner letras sobre un papel inmaculado?

Durante unos segundos reflexiono, no, sinceramente ya no lo recuerdo

¿Fue el año pasado o quizás el otro? Durante unos segundos siento el

desconcierto, no soy capaz de recordar cuando escribí mi ultimo cuento y

eso, me hace sentir inseguro.

Sonrío. Recuerdo cuando antes, las letras salían solas del cajón, alegres

dicharacheras ellas, bailaban al son de mi imaginación, componían

sinfonías para los ojos .

“Había una vez…”

“ En aquel viejo páramo…”

“Su mirada vino hacia mí…”


Ellas solas, esas letras que hoy me rehuyen, que escapan de mis dedos

temerosas de mi; esas mismas letras antes eran alocadas historias de

amor, de tristeza, de todo aquello que estaba vivo. Ahora parecen

rehuirme y cada letra, cada frase que en este tiempo escribí y que terminó

en la papelera, fue escrita con sudor y lágrimas, frases forzadas, letras

encadenadas a mis dedos, obligadas más por mi obcecación que por mi

inspiración. Fracasos antes de nacer.


Ya está, no falta ninguna; las cuento varias veces, más algo no está bien.

Amontonadas sobre ese papel, que parece más una mortaja que no el

reino donde se plasmará aquella historia que llevo tanto tiempo deseando

escribir. Pero no, las miro ahí amontonadas sin vida, sin esa vitalidad que

desprendían y que, a mí, me hacían sentir vivo ¿Qué está fallando?


Como una explosión en la cabeza sé lo que falta. Con un temor

irreverente, mi mano vuelve a introducirse en el cajón, nervioso voy

apartando las facturas de mi vida sin contemplación. Ahora no importan.


Nervioso, termino sacando el cajón, con violencia y volcándolo sobre la

mesa mientras mi corazón palpita aceleradamente.


Rebusco una, dos, tres veces los mismos papeles, cualquier rincón de

ese cajón en busca de una grieta milagrosa donde se hubiera podido

esconder.

Abatido, rendido ante la evidencia, me dejo caer sobre la silla mientras

miro esas letras amontonadas sobre el papel y un par de lágrimas rebeldes

se deslizan en silencio. Son el prólogo de un llanto desconsolado ante la

pérdida de lo mas valioso, de lo más importante que aun guardaba en la

recámara de mis sueños.


Oigo de fondo acercándose el final; sus pasos anuncian su próxima

llegada. Esto se acaba. Porque perdí lo mas importante, eso que me hacía

revolver este cajón de vez en cuando, con esa esperanza que nunca se

pierde.

En ese cajón, ya no esta la ilusión.

domingo, 20 de enero de 2013


Arrugas

Hoy, tengo unas cuantas arrugas pero…viví las noches y los días.
Pasaron los años dando un vuelco al calendario, sin aviso ni pausa pero…los disfrute y los sufrí con intensidad.
Día a día llorando las  penas, riendo cuando la vida te daba la espalda, persiguiendo en ocasiones quimeras, en otras, llegando donde nace el arco iris de las cosas más bellas.
Si queridos si, hoy me miro en el espejo y veo las arrugas creciendo en ese campo, arado día a día con surcos imperfectos forjados de victorias y derrotas, pero vividos ¡¡muy vividos¡¡
Hay días que recuerdo, miro hacia atrás y sonrío. Recuerdos de caras, algunas olvidadas, otras muy presentes que siembran con sus semillas esos surcos regados de experiencias.
Curiosos los recuerdos, son como muchachos traviesos que juegan entre los soportales de tu conciencia, pasean o corren, vuelan o se estrellan en tu interior abriendo viejas heridas. Inconstantes, rebeldes, se ríen de ti porque se saben reyes de ese momento, aparecen y desaparecen y tu…sonríes porque el tiempo y la experiencia te demostró que es así, es su momento.
Hoy tengo unas cuantas arrugas más en el corazón y cuando les protesto me dicen…pues no haberlas vivido y entonces me rio ante la evidencia. Ame, quise con locura a mujeres que llenaron ese corazón de sombras y gardenias, que me hicieron subir a lo más alto y en alguna ocasión, me dejaron caer. Vivir, vivir.
Hay arrugas en el recuerdo de gente a la que un día viste reír y otro, decidieron partir y dejar la vida en un rincón de la cuneta. En esos momentos, no hay brújula que guie, solo la soledad más extrema te acoge entre sus brazos lastimeros. Lloras con la rabia que te da esa perdida y te sientes solo, terriblemente solo y no sabes cómo salir.
Hay arrugas en la sonrisa…arrugas que hacen vivir, luchar, sentir cuando es el tiempo de espera y sentarte en el quicio del tiempo aunque este no pare de correr. Te sientes aún vivo, aun capaz de gritar al viento aunque nadie te escuche y…sonreír sin más, aprendes que no necesitas un motivo para ello mientras lo tengas para vivir.
Hay arrugas que te recuerdan esos momentos en que el alma y ese cuerpo necesitaron ese abrazo que solo el viento te dio pues, solo la tristeza mas profunda acogió ese lamento en silencio y volviste a sonreír. Con esa sonrisa forzada que nadie notara y eso, aun dolerá más.
Pero hay arrugas profundas q reclamaran su derecho a la vida, que te recordaran a gritos la belleza que viviste, que palpaste donde otros no llegaron y eso calmara el alma.
Hoy me miro en ese espejo, miro esas arrugas y sonrío, mereció la pena lo vivido.

viernes, 7 de diciembre de 2012


Las mujeres q nunca existieron

En realidad esas mujeres existen, de eso estoy seguro. Son mujeres aparentemente normales y corrientes pero no, no lo son. Esas mujeres tienen el don cuando las conoces de hacer posible lo imposible, como grandes magos realizan cosas que uno pese a lo vivido, en frío o cuando es capaz de pararse cinco minutos a pensar, es incapaz de encontrarle la lógica. Son mujeres en fin, que son capaces de hacerte caminar por un puente grande y seguro sobre un caudaloso rio que cuando abres los ojos un día, resulta que no había ni puente ni rio, ahí la grandeza de conocer a esas mujeres.
Uno piensa que la edad, la experiencia le hace inmunes a ese tipo de mujeres, craso error, precisamente esa experiencia y edad, son las cosas que te hacen mas atractiva esa aventura y ahí tu perdición, pues aunque eres muy consciente al comenzar esa relación y tu mente aun limpia y pura y sobre todo, muy segura de si misma. No es consciente (y si lo es peor)  que tienes menos posibilidades de  que salga tal como imaginas,  que te toque la primitiva. Te lanzas decidido, aparcando los peros y temores al fracaso. En el fondo, llega un momento en la vida, cuando crees claramente que pocas cosas te pueden sorprender, que ante la llegada de esa mujer, te atreves osadamente  como el soldado en busca de las trincheras del enemigo, a pecho descubierto, el miedo al fracaso se atenúa ante la falsa seguridad de tus caminos ya recorridos.
Ellas, son mujeres maravillosas, mujeres que te devuelven a tu época infantil, aquella en que te decían la noche de reyes que te acostaras y durmieras o estos no vendrían a traerte los regalos y tu, temeroso de que eso fuese cierto, ibas raudo y veloz a esconderte entre las sabanas, tienen ese don inexplicable. 
¿Cómo lo explicaría yo? Realmente no es tan fácil creerme  es como tratar de explicar y justificar con un sentimiento de culpabilidad cosas que la pura lógica desmontaría en un plis plas, realmente difícil.
Por poner un ejemplo, es como si te invitan a una fiesta con mucha gente haciéndote sentir el preferido de esa fiesta y tu, todo orgulloso, inflas el pecho como un pavo y sin saber porque, al final te ves haciendo de pincha discos mientras el resto se divierten y tu, con cara de circunstancias, sigues poniendo los discos sin enterarte de nada y sin ser participe, algo así, no se explicarlo mejor pero, los que pasasteis por ello ya me entendéis.
Y sobre todo, jamás, jamás se te ocurra protestar (aunque sea en voz baja) o pedir aclaraciones, seguramente te encontraras con esa mirada por encima del hombro que mas o menos te dice “me estas decepcionando” y tu, vuelves a callar sin seguir entendiendo nada sinceramente pero, asomando en ti, el aroma de sentirte un poco culpable de una situación que no entiendes pero, que quizás sea culpa tuya ¡¡peligro, peligro!!! Ahí es cuando te empiezas a dar cuenta que vas totalmente ciego y sin lazarillo por un camino tortuoso.
Hace unos días, comí, por cierto en un magnifico japonés con una buena amiga y a media comida, le hice la pregunta pertinente ¿conoces a las mujeres que nunca existieron? Una somera explicación por mi parte de a que me refería y una risa cantarina dio paso a una rotunda afirmación.
“existen y tanto que existen pero, tanto hombres como mujeres, yo lo viví en mis carnes y me volví totalmente dependiente de esa persona, me implico en sus problemas, me hizo sentir la persona mas importante del mundo, su única ayuda para a continuación, marginarme y solo dejarme en una esquina de sus problemas,  con toda la implicación que eso lleva a nivel de desestabilizarte y volverte dependiente de esa persona”
Durante unos minutos seguimos comiendo en silencio ¿Te enamoraste? Fue su única pregunta.
¡¡¡Como un loco!!! Dije mientras reía y volvía a poner carne en la brasa de la mesa, me sonrió, no dijo nada mas y no volvimos a hablar de ese tema.
Al volver a casa iba sonriendo como un niño chico. Me sentía tranquilo, sabía que seguiría enamorado de una de esas mujeres que nunca existieron. Que un día sin más explicación, desaparecen y te dejan con los calzones bajados (quien utilice ojo) y sin ningún tipo de explicación. Son así no lo pueden evitar. Se embarcan para salir de la oscuridad a pecho descubierto, deseosas, ansiosas por ser felices y logran hacerte vivir el mismo sueño, con la misma intensidad, hasta que un día…simplemente se arrepienten y dejan la carrera mientras tu, con la lengua fuera sigues corriendo hasta que parándote un momento, ves que no hay nadie, que hasta los espectadores de las gradas se fueron y encima el de mantenimiento del estadio, cerro las luces y se fue a comer el bocadillo.
¿En el fondo que te queda?
Quizás te gustaría protestar, notas una cierta culpabilidad por haber dejado de correr en esa pista (quizás después del bocadillo, volviera el de mantenimiento, encendiera las luces del estadio y la carrera prosiguiera y solo faltaras tu, menudo ridículo)
Pero hay que ser realista (el estadio tampoco existe, fue todo cosa de tu imaginación) y te quedas con lo vivido. Mientras escribo, suena una canción de sabina “diecinueve días y quinientas noches” y me hace sonreír, porque me resultara familiar?
Y aun con todo eso, sigo sonriendo al recordarla. Lo dicho, son especialmente maravillosas las mujeres que nunca existieron.

sábado, 25 de febrero de 2012

Primer día de Agosto

Primer día de Agosto

Mi querida Carmen,  hoy es el primer día  de agosto y por fin llegamos al que parece que será nuestro destino final, creo que el pueblo se llama Codo, no ando muy seguro la verdad. Nos dieron un rato para comer después de quince horas viajando hacinados en estos viejos camiones. No término de acostumbrarme a eso de llevar todo el día un fusil en la mano, ya sabes, me sentía más cómodo con la azada en nuestro pequeño huerto pero, es la guerra, ya sabes porque marche. Una vez entraron los falangistas en nuestro pueblo todo fueron venganzas, viejas rencillas y odios acumulados. No importaba si eran rojos o no, aquello  fue terrible ¿recuerdas lo que le paso al Anselmo? Era un buen hombre, nunca se metió con nadie y era querido en todo el pueblo, lo mataron por rojo en la plaza del ayuntamiento y tanto tú como yo, sabemos que era mentira, el alcalde estaba interesado en sus tierras, nada más. Aquella misma tarde me aliste, se que te dejaba a ti sola con los niños pero, tenia que protegerte a ti y a nuestro pequeño terreno. Hace mucho calor aquí y te imagino en el huerto recogiendo lo que luego comerán nuestros hijos, esperemos que esto termine pronto y pueda volver con vosotros. Como odio esta guerra absurda entre hermanos, nunca la entenderé. No puedo seguir escribiendo me llaman para que formemos, en total, somos sesenta y siete personas.
Te quiere Tobías tu amado esposo, dales un beso muy fuerte a los niños y diles que cada día los recuerdo.






Hoy estamos a día tres de Agosto. Lo primero es pedirte que me disculpes Carmen, ayer nos hicieron ir de un lado para otro aquí en Belchite, construimos zanjas por si llegaran los tanques de los rojos pero, tranquila, creo que era más por tenernos entretenidos que porque vayan a llegar de verdad. También nos acomodaron en distintas casas del pueblo, yo ando alojado en casa de una mujer viuda prematuramente envejecida, creo que a su marido y a su hijo mayor, los fusilaron a los pocos días del alzamiento, eso me lo comento Antonio, uno de los que llegaron conmigo pero, que se entera de todo, ya me conoces, soy retraído para conocer gente, a el, parece no importarle que no sea muy hablador, creo que le es indiferente, el habla por los dos.
Adela, así se llama la mujer que me acogió, aunque seria mas sincero decir que le impusieron mi presencia. Como te decía,  Adela es aun más silenciosa que yo, los ratos en que pude estar en su casa no me habló más que lo mínimo, parece tener miedo a decir la palabra equivocada o quizás, simplemente a que yo, pueda informar de algo de ella. Sabes que eso jamás lo haría Carmen pero  entiendo su miedo, esta guerra nos esta volviendo temerosos a todos, los rumores hacen mas victimas que las balas.
No se, escribo aun a sabiendas de que esta carta como la anterior, aun no se la pude dar a nadie para que te llegue, pregunte al capitán y me dijo muy seco, que esto es una guerra, pero como parece que no fui el único en pedírselo, antes de despedirme, me indico que estaba en ello, que seguramente en unos días podríamos mandar y recibir la correspondencia. Sé, que de ti no recibiré ninguna aun, pues hasta que te llegue la primera, no sabrás donde mandármelas.
Esta noche soñé contigo, estabas en la huerta con los niños, se te veía feliz recogiendo nuestra pequeña cosecha, gracias a Dios, esos pocos metros que nadie quería, aquel pedregal en el que nos deslomamos tu y yo hasta sacar la ultima de las piedras que parecían florecer cada día cuando volvíamos al tajo.
¿Recuerdas como me enfadaba yo? ¿Como me salían sapos por la boca cada mañana cuando íbamos y tenia la sensación de que incluso había más piedras que el día anterior? Recuerdo como te miraba enfadado con el mundo y tú, sonriendo mientras yo despotricaba, te agachabas y colocabas en tu faldón una piedra detrás de otra, me hacías a mi sonreír y  sin decir palabra, me agachaba  también y empezaba a sacarlas con brío. Fueron muy duros esos comienzos pero era feliz, tu sonrisa hacia que esos días los recuerde con mucho cariño.
Tengo que dejarte cariño mio y no, no me olvido de María y Julián nuestras amados pequeños, pronto será el cumpleaños de María, justo en tres días contando hoy, dales a ambos un fuerte beso y diles que tengan presente a su padre en sus oraciones que yo, cada día antes de dormirme, os tengo a los tres en mis pensamientos.
Te quiero Carmen jamás lo olvides.
















22 de Agosto de 1937
Te prometí escribirte todos los días y no lo estoy cumpliendo querida mía. Me angustia lo vivido estos días, las cosas no terminan de ir bien. Si, ya se que es una guerra pero, la inquina, los odios y miedos parecen llenar todos los espacios. No deja de ser curioso, estas poblaciones son fieles al alzamiento, tenemos las armas y teóricamente, los que eran fieles a la republica huyeron o están muertos y en cambio solo ves en el ambiente miedo, miradas huidizas o retadoras, nadie parece fiarse de nadie.
Pero es cierto que hay algo que me preocupa por encima de todo ello, tu Carmen. Las cartas que te voy escribiendo siguen en mi bolsillo, languideciendo en la oscuridad. Cada día que pasa, un poco mas arrugadas pero cada día las saco de su encierro  y las releo,  porque no hay manera de que salgan de aquí, no soy el único, si no fuese por el miedo a un posible consejo de guerra (que hoy en día se dan con suma facilidad sin necesidad de juez) las protestas de todos nosotros serian unánimes, desde que vinimos, ni hemos recibido ninguna carta ni podemos mandar ninguna, finalmente nos dijeron que era para evitar que el enemigo supiera donde están nuestras fuerzas. Ninguno de nosotros termina de creérselo pero, nadie alza la voz. El miedo tiende a ser patrimonio de vencedores y vencidos.
No se si esto lo censuraran o no, si esta carta saldrá finalmente hacia su destino o no, esto de ser un simple empleado de esta guerra es lo que tiene. Pero a alguien necesito contárselo por que si no, estas cosas se pudren dentro como una mala cosecha.
Ayer presencie por primera vez en directo la locura más absoluta. Ceferino, uno de los muchos que como yo, se vieron involucrados en esta guerra que no entendían murió, según supimos después, pisó una de las minas que se habían colocado en las afueras del pueblo para evitar que nos sorprendiera el enemigo si atacaba de noche, por suerte para el murió al instante, tenia cercenadas las piernas y la cara destrozada.
Pero que fuera un accidente provocado por esas minas que se colocaron, se supo más tarde. Al principio todos nos volvimos locos creyendo que estábamos siendo atacados empezando por nuestro propio capitán que jamás antes había entrado en combate como me entere un día por uno de los veteranos. Aquellos primeros momentos fueron una autentica locura de carreras y algunos tiros, mas provocados por el miedo que por nada mas pues no había ningún enemigo al que disparar. Al rato se comprobó que no estábamos siendo atacados por nadie pero el estado de nervios de todos, empezando por el capitán no disminuían. Corrió el rumor sin que nadie supiera de donde venia, que a Ceferino, la había matado una bomba colocada por los rojos escondidos en el pueblo y al poco rato, estábamos todos sacando a la gente de sus casas y reuniéndolas en la plaza, junto al ayuntamiento y ahí, fuimos acumulando un montón de personas vestidas de miedo. Todos los dedos estaban prestos sobre los gatillos, unos armados, los otros asustados.
El capitán les pidió a gritos que delataran a esos traidores, nadie habló, nadie parecía saber nada, solo mostraban rostros llenos de miedo. La rabia y el desconcierto se reflejaba en la cara del capitán, sabia que todos estábamos pendientes de el y durante unos segundos el silencio en aquella plaza se impuso sobre los lloros y plegarias. Por una calle lateral apareció Antonio del que ya te hable junto a otros compañeros, traían atados con unas cuerdas a tres republicanos que estaban encerrados en un almacén antes incluso de que yo llegara al pueblo. Los rostros de esos desgraciados reflejaban las marcas de los interrogatorios a los que seguramente fueron sometidos.
Fueron colocados contra la pared de la iglesia, de cara a la gente y creo que en esos momentos todos estábamos igual, expectantes, asustados sin ser capaces   de prever que pasaría, solo esperando las decisiones que el tomaría.
Se puso de cara a la gente y con las manos en jarra, pareció dejar pasar intencionadamente unos segundos antes de hablar. Todos los ojos estaban depositados en el, parecía Dios en esos momentos para todos esos desgraciados.  No dijo nada, cuando todos le estábamos mirando, se dio la vuelta y sacando su pistola, descerrajo un tiro limpio en la sien de cada uno de ellos, fue el único sonido que se escuchó, se dio la vuelta mientras los tres cadáveres alfombraban sus pies. Les dijo con una voz sin ningún tipo de emoción que esto solo era el comienzo hasta que apareciera el cobarde que había puesto la bomba, que se marcharan y no se movieran de sus casas. La gente fue abandonando la plaza en un silencio lleno de gritos de desesperanza mientras nosotros callábamos sin animo de replica, esto es la guerra pensé. Pocas horas después se supo finalmente de donde procedía esa mina que había segado la vida de nuestro compañero.
No debo seguir escribiendo hoy, te estoy traspasando toda mi frustración…mi propio miedo y eso no debe ser así cuando solo desearía tenerte cerca para abrazarte con todas mis fuerzas, perdóname mi amada Carmen, seguramente mañana me será mas fácil escribirte unas líneas.
Tu amado esposo.














24 de Agosto de 1937
Mi querida Carmen, hoy empezó la guerra para mí. Esta mañana, a primera hora, cuando en casa los pájaros anunciaban el nacimiento del día, aquí fue el anuncio del infierno. Aun dormía plácidamente en mi cama cuando un ruido ensordecedor lo atronó todo. Gritos, lamentos, maldiciones y disparos me hicieron salir corriendo de la habitación. En el comedor agarrada a una silla la señora Adela, parecía querer aguantar la casa con sus manos agarrando con fiereza esa silla mientras su pequeño, aterrado, se agarraba de igual manera a una de las piernas de su madre, durante unos segundos nos miramos sin decir nada, parecíamos buscar respuestas en el silencio de nuestras bocas.
 Otro estallido, este mucho mas cercano hizo temblar totalmente los cimientos de la casa, agarre el fusil, supongo que mas buscando una seguridad en mis pasos que otra cosa y abrí la puerta de la casa. La panadería que había justo enfrente, ya solo era un montón de ruinas humeantes. La gente corría arriba y debajo de la calle buscando quizás que la suerte le apartara de esa próxima bomba que escupían los aviones que pasaban por encima del pueblo. De repente, todo el miedo que tenia desapareció, quizás fuese la tensión, quizás el propio miedo no lo se pero, me quede en el quicio de la puerta mirando a esos pájaros de muerte hambrienta escupir su reguero de destrucción. Te juro Carmen que era incapaz de moverme mientras los gritos de los heridos, de los desesperados, llegaban a mis oídos como algo lejano, algo que no podía ser mas  que una pesadilla de la cual aun no había despertado.
Un golpe, un ligero reguero de sangre bajando desde mi frente y el ruido seco de una teja rompiéndose a mis pies me devolvió a la realidad, aquello no era un sueño nada mas, era la guerra en toda su crudeza.
En realidad, el ataque de la aviación solo duro un rato, unos minutos para ellos, una eternidad para nosotros, me fui hacia nuestro punto de reunión, nadie lo había mandado pero creí que seria lo lógico. En el camino, rodeado de cascotes y pequeños incendios, surgían aquí o ahí personas aunque quizás, sea más correcto decir trozos. Cuerpos desmembrados, llenos de polvo con la sangre buscando ansiosa rincones donde esconderse. Me cruce con Antonio, un compañero, caminaba sonámbulo por en medio de la calle, parecía ido totalmente de esta realidad, al cruzar por delante mio lo quise parar para que fuese conmigo y cuando así lo hice,  vi horrorizado como en su mano derecha llevaba a modo de recuerdo su otro brazo. Todo se me nublo durante un segundo, las piernas me flaquearon y soltándole, me puse a vomitar, no podía parar, me estaba ahogando en mis propios vómitos, querían salir mas rápido de lo que yo era capaz de sacarlos, me arrodille sin fuerzas mientras llenaba mi camisa de ellos  que junto con mis lagrimas y durante unos momentos, fui incapaz de contener, ese llanto de desesperanza, de rendición que escapaba de mi cuerpo.
Una mano se posó en mi hombro. Luciano, el cabo estaba detrás mio, en su cara vi el miedo pero… ¿sabes? En ese momento solo vi el valor de ser capaz de estar de pie mientras yo, solo quería cerrar los ojos para despertar de esa pesadilla. Estiró de mi y solo me dijo que teníamos que reunirnos con los demás Mientras caminaba, busque con la mirada a Antonio y su brazo, no podía quitar de mi cabeza esa imagen, creo que me acompañara toda la vida.
Hace unas horas que todo esta en calma, si no fuera por las ruinas, los muertos y los heridos, casi se podría decir que no había pasado nada pero, no, no fue así, casi un centenar de muertos dejó el bombardeo, soldados, mujeres y niños, no importaba, la muerte recogió su cosecha sin miramientos.
Es curioso, quizás del cansancio de lo vivido, quizás de la resignación o el alivio de no estar entre los muertos me hace estar muy tranquilo ahora y sin querer o quizás queriéndolo, no lo se, me fijo en el resto de compañeros. Algunos parecen aceptar con resignación lo que hay, a tres o cuatro los vi rezar pero la mayoría, parecen tener la calma del conejo cuando se ve dentro de la trampa y sabe que no puede escapar. El alcalde, aquel pavoso falangista que acompaño a los soldados y guardias civiles al principio, buscando con ahínco a los rojos para acompañarlos hasta la tapia del cementerio según me contaron, ahora esta junto al capitán, ambos muertos de miedo, se les ve aunque traten de disimularlo, ambos creían que esto ya estaba acabado y ahora, no saben como disimular ese miedo. El capitán parece mas firme, claro que no le toca otra, el alcalde parece pensar mas en los que no mató, quizás vuelvan pidiendo venganza, nunca se sabe.
Parece ser que al norte, Quinto y Codo ya cayeron en manos de los republicanos y no, no son unos cuantos. Gente que pudo escapar habla de miles de soldados con tanques y artillería. Se lucha desesperadamente cada rincón, cada palmo de tierra y mi capitán, no para de pedir refuerzos y solo recibe ánimos y la consigna de que resistamos, esto pinta muy mal querida Carmen. No quiero ser pesimista pero, hice un hatillo con estas pocas cartas que pude escribirte, si, quizás no sean muchas pero en ellas, esta todo mi corazón cariño. Ahora más que nunca me gustaría ser el cartero que las depositara en tus manos, ver tus ojos, abrazar a nuestros hijos, no, nos merecemos esta separación tan cruel que no elegimos. Me llaman, me toca a mí la guardia y no podré escribir, solo me faltaría que me hicieran un consejo de guerra si me vieran escribiendo mientras tengo que vigilar.
Te quiero Carmen, dales un abrazo de los nuestros, de esos de minutos a los pequeños y recuérdales lo mucho que los quiero.
Tu amado esposo Tobías










29 de Agosto de 1937

Mi querida Carmen, hoy mate por primera vez en mi vida,  fue esta mañana en la Ermita del Cueyocal. Atacaron por la mañana a primera hora. Infantería sin tanques, eran muchos y nosotros no demasiados, solo teníamos a favor la altura de la pequeña loma donde esta la Ermita. Vinieron en oleadas, locos por alcanzar la cima y supongo que con tanto miedo a morir como el resto de nosotros y a la primera envestida me hirieron, tranquila Carmen pues fue más un rasguño aparatoso que otra cosa, un compañero me lo vendó y ahí quedo la cosa.
Era muy joven, quizás no tendría mas de quince años el muchacho al que abatí. Venia corriendo como un poseso con su fusil blandiéndolo al aire, tenía que estar muerto de miedo para correr de esa manera. Disparé sin mirar, estaba seguro que no le había dado pero de golpe se paro, te juro que pese a la distancia estoy convencido que me miro fijamente, tenia cara de incredulidad, como si en ese momento se hubiera dado cuenta del absurdo de morir en aquel páramo. Los hilos de la vida parecieron romperse de golpe, como si un tijeretazo segara aquella vida y se desplomó. Seguí disparando como un autómata durante las horas que siguieron hasta nuestra retirada, nos mandaron replegarnos y sorteando el cementerio que ya había caído en sus manos, volvimos siete de los veinticinco que subimos a la ermita.
Son cerca de las diez de la noche, aun funciona el reloj que me regalo tu padre en nuestra boda. Esto se acaba cariño mío, hace un rato, el capitán nos reunió a los supervivientes, en total somos cuarenta y tres contando los heridos. Nos lanzo una arenga, hablándonos del honor y la patria, que éramos el último baluarte ante esa horda de rojos que querían destruir la patria y follar a nuestras mujeres, era curioso, en esos momentos pensé que en el otro bando, les estarían diciendo palabras muy parecidas antes del último ataque. Alguien tenía que ir a buscar refuerzos mientras los demás peleábamos hasta la última gota de nuestra sangre. Curiosamente, fue el alcalde y el capitán, los que decidieron “sacrificarse” junto a tres más, para traernos esos refuerzos. Nadie protestó, estábamos demasiado cansados, demasiado desanimados y conscientes, de que ninguno de nosotros saldrá vivo para ver de nuevo el amanecer. 
Cariño mío, sé que son las ultimas líneas que escribiré,  si algún día las lees, no llores, solo siento rabia por no poder expresar en palabras todo el amor que siento por vosotros, por no haber podido tener mas tiempo para darte Carmen todo lo que te prometí que lograríamos juntos, por darte ese ultimo abrazo. Ahora pienso que no te supe decir nunca lo mucho que te quería, lo poco que valía mi vida sin ti, pero te juro por lo más sagrado que no temo a la muerte, temo el no volverte a ver. El no ver crecer a ese par de zagales a los que amo con toda mi alma.
Esto se acaba, parece ser que vienen por nosotros, te quiero.


















-¿Qué haces mama?
María sabía perfectamente que estaba leyendo su madre. Ya hacia dieciocho años que papa había partido a la guerra y nunca más volvió.  Un año mas tarde, le comunicaron que había muerto como un valiente defendiendo Belchite y por eso tenemos esta pequeña tienda de ultramarinos que entre nuestra madre y Julián, llevamos. Junto al pequeño huerto del que madre nunca se quiso desprender.
Desde que padre marchó, mi madre cada día, escribía unas líneas y nos decía- ya veréis como pronto, recibimos carta de vuestro padre diciéndonos como le va, así que nosotros, cada día le escribiremos contándole como nos va- y así, día detrás de día, mi madre esperaba esa carta que nunca llegó, ella no cejo y diariamente, nos sentábamos los tres en la mesa y ella escribía esas cuatro líneas en la que nosotros como un juego también participábamos.
Y en los días como hoy, en que sin decir nada ni pedir permiso, la tristeza viene a visitarla para recordarle su ausencia, entonces ella, se viene a la trastienda, sus ojos se apagan y se encierra junto a sus cartas jamás mandadas y las lee una por una. Hay una complicidad entre los tres cuando llegan esos momentos, sabemos apartarnos, acaso traerle un café bien caliente una sonrisa al mirarla y nada más, no hacen falta palabras en esos momentos.
-dime hija-
Dice Carmen levantando la vista mientras la sonríe tiernamente, sabe que a menos que sea importante, su hija no la interrumpiría. Ya no llora al leerlas, el tiempo seco sus ojos y ya saco todas las lagrimas necesarias, ahora, cuando las lee solo esta con el y acaso, asoma una tierna sonrisa recordando.
-Hay fuera un señor que insiste en hablar con usted, no quiere decirme nada, solo a insistido en que si usted es la mujer de Tobías-
Le termina de decir María mientras sin poder evitarlo, nota un temblor extraño en sus manos y un nerviosismo que no sabe a que achacar.
Carmen, desconcertada y sintiendo como el corazón le da un salto le indica que le haga pasar.
Alto y muy delgado aparece por detrás de la cortina que separa la tienda de esa pequeña estancia. Durante unos segundos, ambos se miran sin decir palabra bajo la atenta mirada de Julia.
-Mi hija me a dicho que deseaba hablar conmigo…- Dejando estas palabras en el aire, Carmen se sienta indicándole la silla que hay junto a ella-
-Discúlpeme por interrumpirla, vengo desde Barcelona expresamente-
Empieza a decir el hombre nada mas sentarse. Su aparente serenidad se ve comprometida ante el nerviosismo evidente de sus palabras-
-Pues usted dirá que es eso tan importante y sobre todo, de que conoció a mi marido-
-Vera señora Carmen, me gustaría explicarle algo para que lo entendiera antes de ir al grano, espero que me disculpe…-
Le dijo rogándole con la mirada que le dejara explicarse y mientras, Carmen sin decir nada,  lo miró y asintió quedándose en silencio.
-Mi nombre es Pedro Alcántara y teniendo diecisiete años, me aliste para luchar en el bando republicano, en agosto del 37 fuimos mandados al frente de Aragón, se estaba lanzando una ofensiva sobre la zona de Belchite…perdone ¿podría darme un vaso de agua si no le importa?-
María fue por uno y se lo puso mientras tomaba asiento también, no sabía que les contaría ese desconocido pero, todo lo que pudiera decir de su padre, era bien llegado después de tantos años.
-Como le decía, en esa ofensiva del ejercito republicano, fuimos miles los que participamos, en mi caso, muerto de miedo, pues jamás antes había disparado un fusil- dijo sonriendo por primera vez desde que llego.
Durante unos segundos no dijo nada, parecía dudar de que palabras utilizar para narrar aquello que le había traído hasta ahí.
-En la noche del veintinueve de agosto del treinta y siete, lanzamos el ataque final sobre el ayuntamiento, el último reducto donde resistían los últimos hombres. Cuando yo entre, ya no quedaba nadie vivo, solo había muerte y desolación, me mandaron revisar a los muertos por si había documentación o algo importante y así lo fui haciendo hasta llegar a un hombre que estaba tendido en el suelo y que parecía tener agarrado con fuerza unos papeles, logre abrirle la mano finalmente pensando en que serian unos documentos que podían interesar al mando.
Más cual fue mi sorpresa, al ver que solo se trataba de una serie de cartas atadas con un cordel. Me puse en una esquina y fui leyéndolas una a una y cuando termine, decidí que tenia que entregar esas cartas a su destinatario, solo disponía de unos nombres y un pueblo.-
Prosiguió mientras sacaba de su bolsillo de una americana de pana raída, el conjunto de cartas y los dejaba encima de la mesa.
Carmen, tenia la sensación de que no podía alargar esa mano en su busca. Unas letras descoloridas asomaban en una de las esquinas y si, conocía esa letra, la conocía muy bien.
María, tomo finalmente la iniciativa y estirando el brazo, las cogió con una terrible delicadeza, como si se fueran a romper mientras miraba a su madre. Sin atreverse a desdoblarlas.
-Me hubiera gustado traérselas antes pero, finalizando la guerra fui hecho prisionero y luego, como a tantos, tuve que hacer la famosa mili del biberón, casi tres años. Mi salud que nunca fue muy buena empeoro y cuando volví a mi ciudad, pase cerca de un año con una enfermedad detrás de la otra, nada que después y gracias a mi madre y sus desvelos, no curara una buena alimentación. Por eso tarde tanto, no se si hice bien o reabrí viejas heridas, espero me disculpen si fue así pero…a mi, me abría gustado que lo hicieran por mi – terminó de decir  mientras se disculpaba.
Sin decir palabra, Carmen alargó la mano mientras María depositaba en su mano esas cartas.
Pausadamente, en medio del silencio de los tres, abrió las cartas e inspirando fuertemente empezó a decir mientras leía…”Mi querida Carmen hoy es el primer día de Agosto…”

sábado, 31 de diciembre de 2011

La Decepción

La Decepción
Curiosamente la decepción es quizás, de las pocas cosas que cuando llegan, se acomodan sin necesidad de palabras, en esos silencios empalagosos, son los que lo acompañan como corte en ese reino.
Antigua calle de Las Tapias, calle de putas baratas por excelencia en el barrio chino de Barcelona ahora, reconvertidas por obra y gracia del ayuntamiento en calles con encanto para turistas despistados.
Prolongación de una larga alcantarilla, en eso si se parece. Tres de la mañana, el sombrero protege mi incipiente calvicie del relente nocturno, las solapas levantadas y el chaquetón bien abrochado. En mi bolsillo, mi fiel y fría compañera nocturna, mi vieja navaja automática. La calle a estas horas, desprotegida de su decorado artificial de luces aquella antigua, avenida de putas, macarras y entusiastas clientes que recuerdo de mi infancia, calles donde nunca entraba el Sol…ni casi la policía.
Me cruzo con alguno que perdió el equilibrio en alguno de esos bares de moda que abundan como setas actualmente en el barrio, parece que ahora es muy “chic” y moderno emborracharse en esta zona olvidada de Dios durante tanto tiempo.
El pobre barrio del Eixample que perdió sus borrachos atraídos por la moda, sinceramente creo que esos propietarios del acomodado barrio, se cambiarían ahora mismo por las cloacas donde antes, nunca entraba la luz, el negocio es el negocio.
Camino sin rumbo, bueno, tampoco es eso, se perfectamente donde terminaran mis pasos. Es navidad o eso dicen, nunca me fie demasiado del calendario. Fechas que señaló alguien, días en que es obligatorio ser feliz, curiosa paradoja en una época donde las sombras tapan con facilidad las escasas esperanzas.
Unos cartones se remueven a mi paso como adquiriendo vida propia a horas tan intempestivas y mi mano, afianza con firmeza en mi bolsillo la navaja mientras, unos ojos vacíos me escrudiñan desde una esquina del envoltorio de un lavavajillas.
-Dame algo payo-
Más que pedir parece  amenazar ante una posible negativa a la que seguramente, esta más acostumbrado.
-Coño, Fermín, no te reconocí-
Dice a continuación mientras va apartando los cartones y el fétido olor de su ropa golpea libremente y sin pudor mi nariz. El se va poniendo en pie, lo conozco, es un pobre desgraciado más al que la vida le deparo este apartamento con vistas. No es que antes fuera mucho mejor pero, le recuerdo volviendo de la obra y paseando por el paralelo con su mujer y creo recordar que dos hijos pequeños, supongo que ella un día se cansó de el o encontró algo mejor, no se, y el, supongo que se quedo sin trabajo. Se levanta y me sonríe, yo también lo hago y cojo con más firmeza la navaja en mi bolsillo.
Después de que cinco euros cambien de bolsillo, y de negarme por falta de tiempo a seguir escuchando delante de una copa, los avatares de su vida prosigo mi camino.
Me detengo en el cruce con Sant Oleguer, aquí el barrio parece más oscuro pese a que tiraron gran parte de esta zona para crear un parque, casas muy viejas como el resto del antiguo barrio. Miro un momento hacia el parque, si, desapareció también el pasaje con una única entrada y salida, estrecho y maloliente, le llamábamos el pasaje de la música aunque no era su nombre, ahí se acomodaban aquellos que en su desgracia no tenían ni para pagarse la habitación, y ellas con el sonido de fondo de los aros que tenían en las muñecas, solucionaban contra una de las paredes las necesidades de sus clientes.
Pico al timbre mugriento, casi irreconocible entre la suciedad de la misma pared. Y al poco, la vieja portezuela de metal se abre. Una rápida mirada, ni una palabra, sabe quien soy. Quizás unos veinte tertulianos hay dentro, alguna mirada curiosa, poco mas. No hace falta pedir, ya me conoce.
-¿todo bien?- pregunta indolente aunque yo se que es lo que realmente desea saber.
-Lo tuyo lo tendrás este viernes, aun no me llegó-asiente y no me pregunta nada más mientras pasa una bayeta por la barra de madera desgastada. Hay un gran y viejo espejo medio tapado por las botellas del mostrador, curiosamente pese a que el resto del local no pasaría una revisión de sanidad, el espejo siempre esta pulcramente limpio. Observo a la clientela, sonrío sin querer, seguramente la mayoría de los aquí presentes, serian mirados con mala cara en cualquiera de esos bares nuevos que abundan en el barrio cuando ellos, antes eran los dueños del lugar y como viejos dinosaurios, andan arrinconados en tugurios como este. Blancos, negros, gitanos aquí no parece importar, solo importa que tengas claro donde estas, quien eres y que tengas clara la regla de oro del local, ni una bronca ni nada q brille en medio de una pelea, aunque luego te busques para aclarar cuentas, una regla no escrita, escrupulosamente respetada.
Me mira desde el fondo del local, me sonríe y viene moviendo sus caderas después de susurrarle unas palabras al oído a su acompañante, más preocupado por la botella de burbon que por ella.
-¿Cómo estas niño?- me dice mientras me da un cariñoso beso en la mejilla.
Rosaura, rondara los cincuenta años y pese a que la naturaleza no se cebo en ella, ya le va desapareciendo esa belleza que volvía locos a los hombres. Ella no tenia que haber trabajado en este barrio, valía mucho más pero, el amor es ciego y más, cuando te enamoras de tu chulo y este, era un borracho y despilfarrador. Como ultimo regalo antes de morirse de cirrosis, la dejo embarazada rondando los cuarenta. Fue una época difícil para ella, nunca fue muy apreciada por el resto de postulantes de la calle, solía llevarse a los mejores sin problemas y cuando el murió, embarazada de cinco meses, entro en una enorme depresión. Sola, sin un mal sitio donde caerse muerta y yo, con el piso que antes le pertenecía, una partida de póker tuvo la culpa y unas dobles parejas.
La vi una noche al poco tiempo, ni me había preocupado, como quede con el, los papeles del traspaso y el piso, llegaron a mi sin problemas, las deudas de juego son así. Andaba durmiendo en la calle, echa unos zorros y sentada como me dijo el propietario del bar cada noche gastándose en bebida lo que ganaba con su cuerpo de día. No la dije nada, me acerque a su mesa y le dije simplemente que le daría cama y comida hasta que tuviese a su hijo y ella a cambio me limpiaría la casa y haría la comida. Y así, sin más palabras la conduje a casa. No me molestaba, sabia respetar mis espacios y ciertamente, la casa estaba impoluta como nunca lo estuvo desde que yo, la habite. Aunque es cierto que más de una vez y de dos satisfizo mis deseos carnales, ni ella ni yo lo teníamos en cuenta, simplemente era algo normal.
Llego el momento del parto, un niño precioso y volvió la depresión en ella durante un tiempo, pensaba y así alguna vez lo hablamos en que si realmente merecía la pena traerlo a esta mierda de mundo.  Y yo, si tenía que ser sincero, no encontraba demasiados argumentos para rebatirla. Así fueron pasando los primeros años, yo traía el dinero, ella cuidaba a su vástago y cuando le llevaba a la guardería, marchaba a trabajar de aquello que sabia. Entre los dos, fue creciendo sin proponérnoslo una relación no tanto de amor, los dos teníamos demasiada mierda a nuestra espalda como para compartirla, solo nos aceptábamos y defendíamos sabiendo que ese, podía ser el ultimo día de esa relación, así de sencillo, no había sentimientos como entendería la mayoría de gente, simplemente éramos unos supervivientes.  
-Bien, la vida no me maltrata demasiado niña- dije sonriéndola mientras me llegaba el dulce olor de su perfume, inspire con fuerza sin darme cuenta, aun tenia impregnado el olor de aquel desgraciado.
Tomo un taburete junto al mio cruzando las piernas, unas piernas por las que parecía no haber pasado el tiempo ni el cansancio de la calle.
-¿Sabes? Ayer Jordi me pregunto por ti, hace días que no pasas por casa-
No fue un reproche, sonrió con ternura al decírmelo. Cuando al cabo de dos meses de nacer Jordi me dijo que volvería a trabajar solo le impuse una condición, me daría todo el dinero que ganara sin preguntarme nada, me miro con tristeza, bajo la cabeza y quizás, seguramente recordó un pasado que siempre viviría con ella, asintió y callo, no volvimos a hablar nunca mas del tema pero, cada día al levantarme, encontraba en mi mesilla los billetes pulcramente puestos uno encima del otro. El crio fue creciendo ya tenia cuatro años y yo, sabía que si aquello duraba más tiempo, seria mas complicado de romper, el crio me estaba cogiendo mucho cariño y esta relación, nunca tuvo una base solida. Una mañana, la dije que me acompañara, fuimos juntos a dejar al niño en el colegio y luego, encaminamos nuestros pasos hacia la sucursal bancaria que había en plaza Universidad. Ahí, le enseñe una cartilla, donde estaba escrupulosamente detallado desde el primer día, el dinero que ella, había ido depositando cada noche en mi mesilla. Era una pequeña fortuna, pues en esos años de bonanza, nuca le faltaron clientes.
-Este es tu dinero, hasta la última moneda- miro la libreta con un ligero temblor en sus manos mientras un par de lágrimas rebeldes, para mi incomodidad, trataban de salir de sus ojos.
-Ni se te ocurra ponerte a llorar aquí, te mato- me sonrió y ahí en medio me abrazo y yo, me sentí ridículo, nunca me acostumbre a esas muestras de cariño, me desconciertan.
-Mira, tienes mas dinero del que nunca antes habías visto, así, podrás dar casi todo el dinero de una casa, depende donde te la compres, en Pedralbes no creo- comente sonriéndola – es un barrio demasiado pijo, pero por aquí la zona yo diría q te sobrara dinero perfectamente-
Hicimos los tramites para ponerlo a su nombre y marchamos al bar que hay en la esquina, los silencios como aperitivos de mal gusto siguieron presidiendo la mesa mientras tomábamos sendos cafés con leche y yo, empecé a sentirme incomodo, hubiera preferido que aunque me incomodara que soltara esa alegría, por que más temía la pregunta de si eso, era para que se marcharan de casa.
Finalmente levanto la vista, esta vez si que había llorado, tenía el rímel corrido y esos pequeños ríos negros parecían llevar toda la mierda acumulada durante toda su vida. Me miro fijamente y nació una sonrisa comprensiva de su boca, no había reproches, había solo agradecimiento y yo…respire.
-Pero escúchame bien- le dije mirándola fijamente a los ojos, yo no soy ningún santo, como vuelvas a tirar tu vida por la borda, te juro que no hare nada por ti ni por tu hijo, tu serás la única responsable de lo que pase ¿lo tienes claro?-
Asintió y se puso recta –Mira Fermín, nadie en esta vida a echo nada por mi, ese desgraciado me dio un regalo inesperado antes de morir, seguro que si llega a saber la alegría que me dio Jordi, antes se la corta- Prosiguió mientras sonreía y cogía una de mis manos entre las suyas –Tu, tu eres el mayor hijo de puta que he conocido en mi vida y sabes? Mil veces me he preguntado que mierdas te pasó por la cabeza aquella noche que viniste a mi mesa, a la mesa de esa mujer que solo quería morirse, que ya no tenia ni un gramo de lucha para vivir, mil veces he querido preguntártelo y jamás en estos años lo hice, ahora tampoco lo hare ¿sabes?...- Prosiguió en su monologo y yo, como mero espectador de esa locución, solo asentía mientras daba sorbos de un café con leche demasiado frio para mi gusto.
-…Cuando me dijiste que te entregara todo el dinero que ganaba me pareció normal, a diferencia de aquel cabrón, tu me mantenías, pagabas el colegio del crio, sus regalos, mi ropa, era normal y encima estaba agradecida, así de simple y aunque tienes todo el derecho del mundo a tomarme cuando lo desees, sabes que me gusta, te siento mas en mi corazón como a mi hijo que no como un hombre-
-¡Vaya!- Exclame yo aparentemente ofendido.
-no, no, no me he explicado empezó a decir nerviosa mientras se ruborizaba, hasta que me vio sonreír -¡eres un cabrón! Dijo mientras sonreía.
-¿Me ayudaras a buscar ese piso?-
-Si chiquilla que si no, no te iras nunca de casa- dije riéndome.
-Vale pero, pongo una condición !no¡ pongo dos condiciones- me indico muy seria.
-Tu tendrás llaves de esa casa y vendrás cuando te de la gana o quieras comer decente y sobre todo, ven a ver a Jordi, te tiene un enorme cariño pese a que sabe que no eres su padre, eres para el un referente y lo sabes-
Me incomodo ese recordatorio, es cierto, yo le tenia mucho cariño pese a refrenarme siempre en mis muestras de cariño, no lo podía evitar.
Y así paso un par de años más, parecía que la vida se había olvidado de darle su carga de palos, siguió ahorrando y ahora, tenia también una pequeña tienda en el Eixample de arreglo de ropa, ahí tenia trabajando a una antigua compañera de calle, buena mujer y hábil con la aguja y el hilo, la tienda funcionaba muy bien.
-Que te pasa niña?-
-Nada de verdad- me contestó mientras bajaba los ojos, con una mano le alce la cabeza mientras miraba en el fondo de sus ojos, la conocía muy bien –Cuéntamelo-
Tobías, un mal bicho de verdad, hermano de su fallecido marido hacia días que la buscaba, sabia que ahora, las cosas le iban bien y al igual q había echo mientras vivía su hermano, pretendía rapiñar de ella.
Cansada volvía  ver en el fondo de sus ojos aquella amargura. L a vida parecía haberla dado estos años para q volviera a creer en los milagros y como buen sádico, ahora asistía al final de esa tragicomedia, del pozo nunca se sale parecía decirme sin palabras.
La acompañe en silencia a su casa aquella noche, sin mediar palabra nos acostamos juntos he hicimos el amor, era un sexo rabioso, lleno de rabia hacia el mundo, el dolor parecía planear entre los cuerpos sudorosos hasta que el orgasmo, mordido sobre la almohada, termino en un llanto desconsolado en ella y yo, simplemente sentía una impotencia que se me agarraba al cuello con manos poderosas.
Los días que siguieron, aparecí poco por su casa, esta partida de póker no tendría ganadores, y yo la iba a jugar sin plantearme porque.
Sonaban las doce campanadas y los gritos de alegría en aquel angosto callejón del Eixample resonaban con fuerza, los balcones iluminados daban la llegada al nuevo año, quizás este fuera mejor pensarían la mayoría seguramente.
Me detuve ante los bajos del número seis, una casa vieja pero en un buen barrio, ahí vivía Tobías, sabia que de poco  servirían las palabras, seis años en la cárcel por la violación de una menor tenia el tipo acuestas, medio loco, vamos, alguien a quien las palabras no le importaban demasiado.
Volví a palpar mi bolsillo, mi vieja amiga seguía ahí, hoy saldría a pasear. Si, sé que me buscaba la ruina ¿Qué importa? Ya había vivido más que la mayoría y la vida sinceramente ya no me deparaba ningún cambio más que envejecer y terminar un día en la puta fosa, solo acaso, era yo quien decidía quien tenía que seguir viviendo.
La puerta se abrió con un desagradable chirrido.
-¿Tobías ?. – Pregunte a un a sabiendas que era el, su cara marcada por un largo tajo en la mejilla de sus primeras visitas al talego lo delataban.
-Si, soy yo, ¿Qué coño quieres?- me contestó mientras yo sonreía y mi vieja amiga se abría de patas para mi. Su cara mostro sorpresa cuando el filo penetro hasta la empuñadura, le seguí mirando mientras se curvaba  y yo la sacaba, la limpie sobre su hombro y me di la vuelta, ahora que pasara lo que pasara, ya no me importaba, había echo esto por que me daba la gana, no le debía nada a nadie pero sonreía. Un ruido seco, un calor que penetraba profundamente en mis entrañas en medio del jolgorio de petardos en la noche, me volví, en su agonía, el desgraciado yacía boca abajo y en su mano, una pequeña pistola, me acerque a el, ya estaba muerto, sonreí mientras dejaba caer mi cuerpo por la pared hasta sentarme en el frio suelo. Me reí, -La edad te volvió descuidado niño- 
Un cigarro que me quema el pecho, no importa, todo se va nublando y ya no siento dolor, me vienen a la mente la cara de Rosaura y Jordi, sonrió, seguro que este año les ira bien.
FIN