jueves, 5 de diciembre de 2019
jueves, 12 de septiembre de 2019
En la cocina
Estaba en la cocina,
preparando la cena, esa noche había pensado hacer una ensalada... hacia calor....
Mire en la nevera y empecé a sacar las cosas: tomates, cebolla, pepinos...Comencé
a lavarlos, pelarlos hasta que me di cuenta que el pepino que tenia en mi mano
era el mismo que había usado para masturbarme. Mi mente se fué hacia esos
momentos llenos de placer, esos momentos en los que estaba con mi Señor, mi
Amo, mi Dueño .Cuando por orden suya me masturbaba delante de él y gozaba,
siendo los únicos momentos en los que soy yo misma. Al principio era una madeja
de nervios, vergüenza, miedo. Ahora no puedo dejar de hacerlo y excitarme
cuando el me mira, y sentir mi placer y su placer, mi dolor y su placer.Cuando
terminé la ensalada me sentía culpable de poner ese alimento en la mesa y
estuve a punto de tirarla, pero me acordé de los malos momentos junto a mi pareja,
que por desgracia son bastantes. La llevé a la mesa y empezamos a comer. Cada
bocado que daba era como una especie de venganza. No me considero una persona
rencorosa, pero tengo que reconocer que disfrutaba viendo como se lo comía. Esa
verdura que tanto placer me había dado ahora estaba dándome un placer aún
mayor. Se estaba comiendo mi entrega, mí sumisión, algo que yo aún no había
asimilado él lo estaba digiriendo, y eso hacia que me excitara más.
Pensaba en mi Señor y notaba
como poco a poco me iba mojando. Cada bocado suyo...me ponía mas .Noté como mi
coño estaba empapado, mis pezones duros por la excitación. Y me acordé de mi
Señor y poderle entregar todo aquello. También pensé que no era su guerra, y
que lo mismo podía enfadarse por eso. Me aguanté las ganas de masturbarme por
que quería ver como se lo comía todo. Cuando terminó me levante de la mesa y me
fui al servicio. Según me tocaba me decía para mi misma "Que puta
eres". No me arrepiento de haberlo hecho, tampoco lo volveré a hacer. No
trato de demostrarme nada a mi misma o quizás sí....Hasta la próxima vez.
martes, 12 de marzo de 2019
lunes, 11 de febrero de 2019
Amor
Nuestra historia no es nueva ni
reciente.
Nos encierra en barrotes de aire tan
fuertes, como el amor
qué los sustenta en el pensamiento.
¿Cuántas mujeres conocí ? Muchas.
¿Cuántas mujeres amé? Las suficientes
para saber también
de su sufrimiento.
Pues solo acaso la insensatez, o el
triste suicidio
de los sentimientos prematuros, nos
haga quedarnos
con el dulzor, que enmascara el
veneno placentero.
Necesito recordar el dolor. Ese dolor
que enmascara
Eso que es mas fuerte que los
vientos,
Mas fuerte que el dolor más profundo.
El amor.
No quiero morir de pena, tampoco
quiero morir de amor.
Lo conocí de muy joven. Ame como solo
se ama
tan tempranamente. Con locura, sin
miedo, sin que hubiera un mañana.
Química, ilusión pasajera,
encoñamiento…hasta que el, decide que lo conozcas.
Querrías olvidarlo, querrías no haberlo vivido.
Pero…que triste es no haberlo
conocido.
Sufres por el, lloras cuando llega de
felicidad más,
lagrimas, rabia y pena te acompañan
cuando se aburre de ti.
Nada da tanto en tan poco.
Nada nos da tanto dolor durante tanto
tiempo,
envuelto en el olor de su hermoso
veneno.
domingo, 3 de febrero de 2019
sábado, 7 de julio de 2018
Hoy es nuestra despedida, nuestra última cena juntos. Así tiene que ser, un año juntos desde que la inicie y hoy, frente a
frente, en ese restaurante que tanto le gusta celebramos esa cena tan especial.
Ella, vestida con ese vestido de noche de un granate sangre muy escotado,
terminado en punta cerca de su ombligo y la espalda al aire que tanto me gustó
el día que fuimos a comprarlo. Tacones de aguja y como única ropa interior, su
piel. Esta brillante, no esperaba menos de ella, al entrar me miró desde la
puerta, bien recta, mientras la gente del restaurante volvía irremisiblemente
los ojos hacia ella. Andando despacio, dando tiempo a que todo el mundo la observara
y siguiera hacia la mesa. Se sitúo sonriendo a mi lado mientras en mí, sin
decirle nada afloraba otra sonrisa y cogiendo mi mano, la besó sin decir una
sola palabra antes de sentarse junto a mi.
Los dos sabíamos desde que
vino por primera vez a mí que este tiempo tendría una fecha de caducidad y así,
sin preocuparnos del tiempo fuimos viviéndolo. Llego a mí a través de una amiga
de ambos que nos presento. Alta, buen tipo pero enferma de sus miedos. Nunca
pudo ser ella ni sacar todo lo que llevaba dentro y le quemaba en las entrañas.
Tenía novio, novio de esos de
toda la vida, lo quería más, el sexo para ambos ya no pasaba de ser algo
cotidiano, algo previsible.
Pasiva por una fuerte educación religiosa y
por temer sacar lo que sentía, vivía en una preciosa cárcel de moralidad
impuesta de la cual no tenía llaves para salir. Fueron meses en que aprendió a
sacar todo el placer del que era capaz de dar y de sentir. Aprendió a hablar
sin reparos y sin miedos de esa sexualidad que la atormentaba, sin sentirse
juzgada y lo más importante, aprendió a vivirla. Aprendió que cada vez que se
arrodillaba delante de mí, se levantaba más fuerte, más poderosa y a
trasladarlo a su pareja, sin prisas, despertando en el deseo más profundo por ella.
La cena discurrió tranquila,
con miradas cómplices de los que no necesitan ya palabras y sonrisas sinceras,
con el orgullo presente de no sentirse culpable de nada ninguno de los dos.
Le prometí que esa noche le daría el mayor de los
regalos sin decirle cual era. Salimos en su coche camino de una masía cercana. Un
amigo que me la prestó.
Durante el trayecto no
hablamos mucho, a los dos el silencio cómplice nos hacia sentir la magia de esa
noche, a mi por saber todo lo que pasaría, a ella ante esa sorpresa inesperada
que le hacia sentirse otra vez como una niña que espera su regalo mas deseado
sin saber cual será. Llegamos a la masia de noche cerrada, con un manto de
estrellas sobre nuestras cabezas al descender del coche. Cogiendola de la mano
la conduje dentro de la casa dejándola caminar delante mío mientras subíamos
las escaleras hasta el primer piso.
Ella sabía que me encantaba
como movía las caderas y así, fue ralentizando sus pasos durante todo el
trayecto. La desnude despacio mientras la miraba y veía en ella ese temblor
como la primera vez que lo hice y como sus ojos brillaban de puro placer. La
bese despacio, prolongando ese beso indefinidamente mientras mi lengua recorría
la comisura de sus labios y se retiraba cuando ella deseosa, acercaba la suya.
La fui tomando delicadamente esa noche, sin un azote, sin nada mas que la peor
de las torturas, prolongando su deseo hasta q sus gemidos llenaron la estancia
reclamando poder llegar a ese orgasmo, solo entonces, cuando ni su cuerpo ni su
mente podían esperar mas la monte como la perra en celo que era y con fuertes
sacudidas fui tomando ese culo que tantos placeres nos proporciono. No, no quería
un simple orgasmo, quería hacerla desmayarse de puro placer para ambos. Al cabo
de un rato, mientras ella recuperaba la respiración en la cama salí de la
habitación dándole como única despedida una sonrisa, al cabo de diez minutos
estaba de regreso con un pañuelo de seda entre mis manos.
Ven y arrodillate- la dije sonriéndola mientras ella,
desconcertada así lo hacia. De mi mano fue bajando los escalones con el paso
inseguro del que tiene que confiar en otro.
Desnuda, fui disfrutando de la visión de su cuerpo en ese trayecto hasta
que, situándola en el centro de la estancia, me agache y después de darle un
ligero beso en el lóbulo de la oreja le dije..
¿Recuerdas pequeña mía cual era tu sueño mas
pervertido, mas deseado?..
Durante unos segundos pareció pensar hasta q sonriendo
llena de vergüenza me dijo..
Si Señor, lo recuerdo perfectamente..
Le quite el pañuelo de seda y los vio. Siete hombres
estaban de pie desnudos, sonriendo acariciándose sus miembros mientras ella,
sorprendida me miraba y yo sonriéndola le dije.
Querida niña, siempre deseaste probar un bukake, fue
tu sueño q creías que nunca lo tendrías, este es mi regalo le dije mientras me
sentaba en un sillón y tomaba una copa de brandi de la mesa cercana. Los
hombres se fueron acercando a ella mientras al principio tímida, fue tocando
sus miembros, cualquiera de ellos que estuviese cerca y disfrutando mientras su
mirada y su sonrisa me buscaban a cada momento.
Un par de horas mas tarde bajábamos camino de
Barcelona en el coche, ella orgullosa como una niña, yo complacido de haberle
dado ese regalo.
domingo, 6 de agosto de 2017
Silencio
Hoy sueño contigo, nada extraño ya
ves.
Soñar contigo ya se convirtió en un
recital de apareamiento.
Vergüenza de bocas buscadas y nunca
encontradas.
Miedo a esa realidad tan deseada, tan
temida.
Qué fácil es en mi mente quererte sin
preservativo, sin miedo al fracaso esperado de una realidad.
Es fácil, eres mía en esos sueños, me
quieres y eso es suficiente.
Corro por traviesas de fino cristal,
escalones de humo.
¿Para qué quiero una realidad
decepcionante?
El revisor de la realidad mi pide el
billete de mis sueños, mas no se lo daré.
Tú eres la realidad de mis sueños, mi
adrenalina, la realidad de una función inacabada.
Hoy abriré los ojos a la realidad y
te volveré a ver. Te sonreiré, me sonreirás y despacito nos cruzaremos.
Como siempre, las palabras morirán en
mi boca mientras veo como el, te agarra de la cintura mi querida pesadilla.
lunes, 8 de mayo de 2017
martes, 21 de marzo de 2017
Tan sencillo
enamorarse de ti,
Tan complicado
olvidarte.
Como una enredadera
sin tentáculos de vida, sin raíces.
Fue creciendo
sencillamente, como el sueño deseado.
No hay azada que lo
mate ni agua que le de vida,
Pero vive, alimentada
de sueños y recuerdos,
esos que no dominas.
Osados, juegan
contigo,
te traen y te llevan
a su voluntad.
Apareces y
desapareces sin que mis manos te toquen,
ni mis labios saboreen
el néctar de tu boca.
La decrepitud que
asoma en mi cuerpo, parece no afectar.
Yo cada día más
viejo, tu cada día más presente.
martes, 31 de enero de 2017
Bésame
Bésame como
si no me quisieras pero, bésame.
Descúbreme
el dulzor de la noche escondida en tus parpados cuando los cierras,
descúbremelo sin decírmelo pero, no me dejes morir en esa ignorancia.
Y así, así
cada noche te reclamo a gritos silenciosos mientras me envuelvo en ellos, para
que la tumba de sabanas frías que dejaste, me amortajen en las húmedas noches
de agosto.
Escúchame rogarte
sin palabras que rompan este silencio.
Escúchame
aunque tus oídos solo escuchen palabras de otra boca.
Escúchame…aunque
no me oigas.
El silencio cómplice,
que ni me da la razón ni me la quita, pero ahí está, como última compañía. Pobre
del hombre que solo se alimenta de sombras más, ¿acaso ellas no comparten también
mi tristeza? ¿Acaso su vestido de ceniza no se lo pusimos nosotros desvistiéndola
del ropaje floreado? No puedo pedirle otra cosa que arrastre sus pies, en este
campo tan yermo.
Seguramente
unos labios carnosos, húmedos de esperanza, vendrán a devolver la vida a este árbol
torcido que a duras penas florece. Vendrán ¡tienen que venir! Pues si no creyera
en ello, ni tan siquiera estas lagrimas
que hoy derramo tendrían valor alguno.
Pues llorando
creo.
Pues llorando
sigo vivo.
Pues llorando…aún
tengo esperanza.
Se
Hoy al
acostarme, marchare de copas con mis miedos
Como cada
noche. Ellos, invitan a las copas, yo las pagare.
Antros de
tenues luces, donde ellos me llevan de las manos,
dicen que
para no perderme y yo, solo me siento esposado.
Sus risas
insisten en ser mi bastón en este baile no deseado,
En esta
ceguera de vida.
Mil gritos
salen en silencio para morir antes de nacer. Hace tiempo, aun luché, lo
recuerdo y eso sí que parece un sueño ahora ¿para que luchar si siempre pierdo?
Me machacan día tras día mientras se ríen de mí.
Mas hay días, que sin que ellos lo sepan, en un rincón
de mi alma, una parte de mí, me hace llorar, no me deja rendirme y yo…¡¡tengo
tanto miedo!! A que ellos lo noten, pues en ocasiones, desaparecen unos
días y yo creo q se fueron, vana ilusión, pues detrás de cualquier rincón de mi
alma vuelven.
Hoy
deje caer mi última lagrima de impotencia, ya no puedo perder más, pues me
hicieron perder la esperanza.
Ya
no me dais miedo pues ya nada tengo que temer, me quitasteis todo y con nada más
me podéis asustar. Desnudo ante mí me encuentro y sabéis? Sonrió como los locos
ante la cordura loca de los demás. Ya os conozco, me seguís haciendo daño pero,
ya me acostumbre a vosotros, doléis ¡¡Dios, como doléis!! Pero ya no me
asustáis. Os comisteis todo mi orgullo, ya no tengo, ya no tengo nada excepto mí
no a que sigáis a mi lado. Es cierto, sigo sonriendo como un idiota que ya no
tiene nada que perder. Sí, no sorprenderos, simplemente ya no lucho contra
vosotros, sé que os alimento con mi lucha, que os creo importantes y no, no lo
sois, simplemente sois eso, mis propios miedos, esos que conocía antes tan
bien, solo que os salieron garras que sajaron mi corazón ¿pero sabéis? El
sanara vuestras garras caerán.
No
me preguntéis porque lo sé, solo sé que será así.
Sed
felices en otra alma, la mía la vaciasteis pero “se” que renacerá mientras
vosotros morís a cada sonrisa mía, me enseñasteis más de lo que pensé en esta
oscuridad pero no os quiero.
Adiós
jueves, 8 de diciembre de 2016
Qué difícil es morirse.
Cinco razones para vivir…o no
1º ¿Y si
mañana nos toca la primitiva y la jodemos dejando el premio para hacienda?
Mejor pensamos en dejar este mundo cruel para después del sorteo.
2º ¿Y si
finalmente Mari Puri, después de diez veces de rechazar ir al cine conmigo por
agotamiento mental, se rindiera a mis encantos y tenacidad y aceptara este
domingo ir conmigo? La duda me corroe.
3º ¿Y si se
ve recompensado mi trabajo, mis horas extras sin cobrar, ser el último en salir
del trabajo y finalmente, el director me recompensa ascendiéndome, de ayudante
tercero (no hay cuarto) del vicedirector de archivos y decide subirme a
ayudante segundo y (lo más importante) permitiéndome
comerme el tapper de la comida que traigo, sin tener que repartirla para
ahorrar costes con el botones? La emoción me embarga de solo pensarlo.
4º ¿Y si
finalmente, la dieta de verdura fresca y zumo de alcachofas, logra hacerme
bajar después de arduos meses sin rastro de carne, de estos veinte kilos? Hay que
valorar, estos doscientos gramos que conseguí eliminar en estos meses de dieta
estricta. Yo creo que el aire que respiro también alimenta (eso no venía en el
prospecto de este método de adelgazamiento)
5º Además, no
estoy al corriente de los pagos de Santa Lucia y esta gente no se va con
puñetas y lo mismo me tiran a la cuneta antes de llegar al cementerio.
Decidido, pagaré primero las cuotas atrasadas, me repasaré el último boletín que
me mandaron, hay una oferta interesante, por un módico incremento de precio en
las cuotas, me aseguran quince plañideras profesionales que irán llorando y lamentándose
a moco tendido hasta el nicho, con la a seguranza de que incrementaran sus
lamentos si pasa alguien cerca para realzar mi entierro. Además de ofrecerme otras
cosas en el paquete. Puedo elegir para el responso desde un monje tibetano
hasta un coro de góspel (no me aseguran que todos sean negros pero si lo deseo,
y un pequeño pago más, los pintan que de lejos ni se nota) y ya para terminar,
me ofrecen también (con un ligero incremento en el precio) que a la salida del
tanatorio, camino del cementerio, toque la filarmónica de Barcelona y me
escolte la guardia municipal a caballo con traje de gala.
Demasiadas
dudas ¿Cuál elijo, me las quedo todas aunque tenga que hacer horas extras hasta
que pueda matarme?. Dudas, dudas ¡¡así no hay manera de suicidarse copón¡¡¡
martes, 29 de noviembre de 2016
Sombras en la puerta
Ayer, entre
vapores etílicos de una noche de tristeza, un vagabundo, sin posesión alguna
pero, como me gritó, dueño de su libertad. Lástima de hermosa palabra, incluso
durante unos instantes le creí. Pero sus ojos, solo eran la puerta de la
derrota, anunciada a gritos.
Aparté mi
mirada, pues esos ojos, solo eran un reflejo donde yo me veía reflejado en esos
instantes. El fracaso llegado sin anuncios ni palabras, ese que acaricia el
alma con mano negra, como seda de espinos.
Antes de
irme me agarro del brazo y mirándome con ojos llenos de rabia e impotencia me
dijo sin soltarme “nunca hagas caso a las lágrimas cobardes que salen de los
ojos huyendo como cobardes, solo teme
cuando tus lagrimas lloren para dentro porque esas no tienen consuelo”
¿Cuánto hacia
que esas lagrimas corroían mi alma?
A nadie se lo conté, con nadie compartí esas lágrimas
de veneno, de amargo sabor en boca, de soledad
infinita en el bullir de la vida. Sonrisas que ni entiendes ni compartes y no
puedes evitar sentir tu rareza.
Las noches
son largas y huyes del sueño con el miedo corroyendo la esperanza ¿esperanza? Llamémosla
así a la cobardía, tantos nombres para un mismo camino.
Soy un
cobarde valiente ante mí, ante mí sin salida en ese mundo donde parece que
viven todos y yo, parezco torpe en encontrar esa puerta.
Tu estarás
mejor mi querida niña, guardaras el recuerdo aun tierno y dulce de un padre que
se arreglaba, se duchaba y con la mejor de sus sonrisas, gastaba en ti en esos
fines de semana alternos, el dinero superfluo que no tenía, ese que no recibiría
el dueño de casa donde, rodeado de recuerdos inútiles de una vida pasada,
almaceno aun para sentirme vivo. Hay mi niña, bien vale todo por esa sonrisa y
ese pequeño abrazo que me das cuando te dejo en la puerta de tu madre.
Tus cinco hermosas primaveras solo guardaran muy
dentro de ti, un recuerdo agradable que te hará sonreír cuando alguna vez,
vuelva a tu mente y por suerte, mi
querida pequeña, no entenderás mi desaparición, te darán mil explicaciones que
tu aceptaras y seguirás viviendo que es lo que más deseo. No, no deseo que veas
a tu padre caminar por ese camino sin retorno, esa degradación que día a día
como lazarillo me va llevando a esa degradación de esa persona que fui. No mi
niña, no guardaras ese recuerdo de mi ni la dejare en tu mochila.
Hoy te llevé
a pasear por el puerto, te enseñé los barcos, tú sonreías ilusionada y yo, por
primera vez en mucho tiempo me sentía en paz, esa paz que da el haber tomado una
decisión sin miedo. Te llevare a casa de tu madre al finalizar el día, pero te
juro, que disfrutare cada segundo contigo como si fuera el ultimo de mi vida.
No escribiré
cartas justificándome de nada, viví ¿Qué más puedo pedir?
Guárdame en
tu corazón que yo, te llevare en el alma mi niña.
viernes, 29 de enero de 2016
PASAN LOS AÑOS QUE YA PASARON,
ESOS QUE AÑORAMOS CUANDO LOS VIMOS PASAR.
RAUDOS, VELOCES COMO LO SON LOS PENSAMIENTOS PROHIBIDOS.
PASARAN LOS AÑOS QUE YA PASARON.
PASARAN LENTAMENTAMENTE,
COMO LAS PENAS SENTIDAS.
COMO AQUELLOS AMORES QUE ACUDEN AL PENSAMIENTO PASADO.
PASARAN LOS AÑOS PASADOS.
PARECERAN PESAR CADA UNO DE ELLOS UN POCO MAS AL CONTARLOS,
TAN RAPIDO QUERIENDO QUE LLEGARAN,
TAN FRENO QUE PUSIMOS CUANDO LOS CONOCIMOS.
NO SE QUE FUE DE ESOS AÑOS PASADOS PERO,
SE ACUMULAN EN EL ALMA Y EN LAS PIERNAS,
NOS DUELEN CON SOLO NOMBRARLOS Y
LA EXPERIENCIA DE ELLOS,
EN OCASIONES DUELE Y EN OTRAS NOS INVENTA UNA SONRISA.
PASAN LOS AÑOS QUE YA PASARON.
EN OCASIONES SUEÑO Y ELLOS,
ME RECUERDAN QUE SOLO ES UN SUEÑO.
PERO EN OCASIONES ME HACEN LLORAR, SOLO EN OCASIONES...
CUANDO PIENSO EN TI
domingo, 6 de diciembre de 2015
Cuento de Navidad
(esté cuento
ira por partes y hoy día 06/12/15 empieza y terminara antes del 25/12/15)
Cuento de Navidad
Doce platos.
Doce platos
pondrá Juan, como todas las Noche buena desde… ¿Cuántos años hace que come
sentado en esa mesa rodeado de once platos vacíos? Durante unos segundos, trato
de recordar ¿diez o acaso más? Sonríe, su memoria ya no es lo que era, piensa
mientras sopla sobre esa sopa aún muy caliente, sentado en el extremo de esa
mesa vacía.
Hace frio en
esa vieja casa, la única habitada de este pequeño pueblo fantasma. Todos se
fueron yendo, unos para encontrar una
vida mejor, los otros, tan tercos como el, fueron muriendo poco a poco, en
silencio, sin que ninguno de sus allegados estuviese más tiempo del necesario
para ese enterramiento.
Pero esta
casa, fue de sus padres y antes de sus abuelos y en ella, vivió los años más
felices de su vida en compañía de su amada María, la mujer que le hizo el
hombre más feliz de la tierra. Cuatro vástagos dio a luz, Felipe el mayor,
Marcos, Tobías y Lucia, la más pequeña, el vivo retrato de su madre.
Uno a uno se
fueron marchando, ninguno quiso quedarse. No les culpaba, Lucia fue la última
en marchar. Tuvo que soportar mi mal humor a la muerte, condenada muerte de su
madre. Mi carácter cambio, me volví huraño, mis silencios y ausencias de la
casa, mis desprecios ¿Por qué no decirlo? Pero… ¿Cómo podía yo explicarla esa desazón
que me reconcomía el alma cada día, esa sentimiento de soledad tan horroroso
cuando me acostaba en nuestra cama y aun olía a su cuerpo? No, no
puedo culparla cuando una mañana se marchó, veía sus ojos llenos de lágrimas
esperando una sola palabra mía para quedarse y yo, solo supe estar callado
mientras mi alma lanzaba gritos de dolor. Era mejor así, desde su muerte, yo
solo era la mala hierba que crece en el campo, alguien que sufría por cada día
que vivía y solo deseaba que llegara también mi muerte. Mil veces paso por mi
cabeza terminar de una vez por todas con esto pero nunca fui capaz, hasta en
esto me volví un cobarde ¿Cómo podía explicarles eso? Nunca lo hubieran
entendido, fue mejor que se fueran.
-¿y que
esperabas viejo gruñón?
No se sorprendió
al escuchar esa voz a su espalda.
-Llegas
tarde- L e contestó sin volverse mientras apartaba el plato, esa sopa estaba
tan fría como su alma.
La figura
que terminaba de entrar, se sentó con familiaridad en una de las sillas vacías.
De tez blanquecina, casi grisácea, lucía una delgadez extrema que disimulaba entre sus ropajes de un negro
intenso aunque, desgastados por el tiempo aún parecían darle la prestancia que
tuvo. –Anda viejo, dame un vaso de ese aguardiente que tienes, hace frio y
nieva en este lugar apartado del mundo- se quejó mientras sacudía de su ropaje
los últimos copos de nieve.
Juan sonrió
mientras sacaba una botella del pequeño armario - ¿tu, la muerte en persona se
queja de frio? No me negaras que resulta cómico-
Le gustaba
meterse con el cuándo venía a visitarle, ya hacía tres años que solía pasar por
su casa. No dejaba de ser una broma macabra que él, fuera la única “persona”
que viniera a visitarlo.
-¿acaso
crees que soy inmortal Juan? Empezó a decirle mientras daba un largo trago al
aguardiente.
-también a
nosotros nos llega la hora, aunque la verdad, no sé cuándo, pero ¿sabes? Aunque
estés fastidiándome con esa terquedad en no morirte, te entiendo, yo tampoco
quiero terminar mi existencia-
Durante unos
segundos, ambos callaron mientras veían el crepitar de las llamas en la
chimenea.
-yo estoy
muerto hace muchos años, me siento muerto desde que murió María, la vida dejo
de tener sentido para mí-
-Sí, sí,
mucho sentirte muerto pero aquí estas, déjate de historias. Hace dos años te
diagnosticaron un cáncer terminal ¿y que hace el señor? Seguir vivo y coleando,
eso no es serio- dijo enfadado levantándose la muerte, y acercándose a la
chimenea.
- Ves con
cuidado, que la última vez, casi se te quema la capa y casi tenemos una desgracia-
le dijo juan mientras le volvía a llenar el vaso y un gruñido le respondía.
-venga, no
te enfades que pronto me llevaras, ya ando yo también cansado de esta espera.
-¿Por qué no
te mueres ya? Le dijo la muerte sin ninguna emoción en su voz.
-¿la verdad?
Contesto sonriendo mientras le miraba- no lo sé, la verdad es que no lo sé-
contestó bajando los ojos.
-vamos, vamos,
que soy la muerte Juan, ¿a quién pretendes engañar? Hay algo dentro de ti que
no te deja morirte y tú, sabes lo que es-
Juan parecía
dispuesto a replicarle cuando la muerte, haciendo un gesto con la mano, le
indico los once platos que había sobre la mesa.
-no me hagas
reír- dijo Juan sonriendo –solo mi muerte y aun así lo dudo, haría que mis
hijos me perdonaran y vinieran a mi entierro- finalizó mientras daba un trago.
La muerte pareció
meditar durante unos segundos y finalmente, mientras se tiraba hacia atrás en
la silla sonrió.
-pues es fácil,
muérete-
Antes de que
Juan pudiera contestarle la muerte siguió.
-veamos que
no me explique bien, tú, haces que les llegue una misiva a cada uno de tus
hijos, en esta, se indica tu muerte y que el día veinticuatro, será tu
entierro, así de fácil-
-Pero… ¿pero
tu estas tonto? –
-¿Cómo pretendes
que haga eso?-
-¿No te das
cuenta que cuando me vieran vivito y coleando se enfadarían y se marcharían?-
-Bueno, ese sería
un problema pero, yo estoy seguro que lo sabrías solucionar, además reconócelo,
tú sabes cercana tu muerte no te mientas
y te carcome el alma el no verlos por última vez, eso te mantiene vivo, reconócelo-
Juan le quería
contestar que eso era una locura pero…pero por primera vez desde hacía muchos
años, volvía a sentir ilusión por ese reencuentro.
Miro a la
muerte a los ojos mientras esta sonreía y ambos supieron de ese pacto sin
palabras…
20/12/2015
En esas andaba el pensamiento de Juan cuando,
unos arañazos, casi imperceptibles en la puerta, destacaron sobre el ruido de
la tormenta.
-¡los perros¡ ya me había olvidado de ellos-
Dijo en voz alta mientras presto abría la
puerta. Un podenco seguido de un viejo pastor alemán y un pequeño Pomerania
vivaracho y nervioso al que alguien debió abandonar, quizás cansado de verlo
tan revoltoso. Sonríe, aún recuerda como lo encontró una tarde saliendo de
paseo con sus otros perros, famélico y herido, aun así lo recogió aunque no
estaba muy esperanzado de que sobreviviera, pero lo hizo y los otros dos, lo
aceptaron con resignación, pues solo deseaba jugar y alterar el modo de vida
que ellos dos llevaban.
De un salto, el pequeño Pomerania se subió
encima de la muerte, cosa que como descubrió Juan, no le gustaba en lo más mínimo
a esta y pese a sacárselo de encima enseguida, el perro volvía rápidamente a
saltar sobre el como un juego hasta que finalmente, hasta la muerte se cansa y
lo dejaba descansar entre sus piernas. Capitán, el viejo pastor alemán, solía
apartarse cuando estaba muerte en casa a un rincón alejado, parecía intuir
quien era y se apartaba rápidamente de él. Lucero el podenco, era otra cosa,
pasaba altivo delante de él, se giraba un momento enseñándole los dientes y se
tumbaba a mis pies sin moverse, parecía decirle que no se me llevaría mientras
estuviese él.
-¿Qué piensas? preguntó muerte ante mi
silencio.
-No, nada en concreto, divagaba- le conteste
sin interés - Es una locura, en eso pensaba-.
El teléfono sonó tres veces antes de que Lucia
lo cogiera. Felipe, sabía que a esas horas la encontraría en casa, después de
su separación, Lucia había tenido que buscarse un segundo trabajo. Con Alex y Miriam
sus dos hijos y la hipoteca, no había tenido más remedio, el imbécil de Mateo
su marido, se largó un día, decía que necesitaba vivir su vida, que quería
pasar página y se fue sin más, sin pasarle ni un euro.
-¿sí?- contestó por fin una voz al otro
extremo,
-hola pequeña, ¿qué tal va todo?- su voz sonó cálida,
no podía evitarlo, era la pequeña de la casa y aunque ambos, rehicieron su
vida, siempre sintió la necesidad de protegerla.
-bien, como siempre- su voz sonaba cansada,
pero dulce como siempre, él y sus hermanos cuando ocurrió trataron de ayudarla,
a regañadientes, acepto el dinero que le dieron solo con la condición de que
era un préstamo. En esto salió a padre, independiente y orgullosa.
-oye, que Carmen y yo, hemos pensado que los críos
a partir de mañana dejan el cole y si te parece bien, Carmen los ira a recoger
al cole, que cenen aquí y luego te acercas a buscarlos…- hizo una pequeña pausa
esperando la respuesta de Lucia, sabía que le dolía profundamente no poder
estar más tiempo con sus hijos y eso, le hacía sentir culpable. Antes de q
contestara prosiguió.
- ya sabes que Alex y Miriam son nuestros
sobrinos preferidos- termino la frase sonriendo-
-claro Felipe, son los únicos sobrinos que tenéis-
respondió ella con voz cantarina-
Durante unos segundos ambos callaron. Era cierto
lo que terminaba de decir Lucia, ellos no habían podido tener hijos y aunque ya
no hablaban sobre ello, era algo que les entristecía profundamente y ese
cariño, lo habían descargado inconscientemente sobre los hijos de Lucia.
-deja, deja, que últimamente me tienen frita-
Lucia también se había dado cuenta de ello y cambio rápidamente de conversación.
-¿y eso, que pasa, problemas en el colegio?-
preguntó preocupado Felipe.
-no, nada de eso, simplemente hace unos dias
sacaron los álbumes de fotos y reconocieron a todos menos a padre y madre,
claro. Les explique que su abuela había muerto hace años y que su abuelo, vivía
en un pueblecito muy pequeño y chico, desde ese día que están con la perra de
conocer a su abuelo a toda costa, no hay manera de quitárselo de la cabeza-
Siempre era un tema incomodo cuando salía a
relucir el nombre de su padre. Felipe había logrado formar un muro en su cabeza
sobre su recuerdo he infancia, muro que se caía como una pirámide de cartas de
vez en cuando. Si, se sentía culpable, no lo podía evitar, era superior a él
pero tuvo que huir, aquello no era la vida que deseaba y más, después de la
muerte de madre.
-te lo digo porque no te extrañe que también
te pregunten a ti, no logro sacárselo de la cabeza- terminó Lucia a modo de
disculpa.
-bueno, ya sortearemos el tema si sale, ahora
lo importante niña, estas navidades en casa, si o si, no acepto un no por
respuesta- su tono sin proponérselo había cambiado, mas parecía regañarla como
cuando era pequeña que otra cosa.
- si, a los niños les ira bien, además el él
trabajo de las mañanas cierran hasta primeros de enero y…- aquí hizo una pausa
antes de proseguir -…bueno, el contrato del otro trabajo no me lo renuevan, ya
sabes, era por horas, pero no pasa nada, a principios de Enero me pondré a
buscar otro- finalizo riendo aunque Felipe, sabia por su voz, que solo estaba
disimulando su frustración. Y si, sintió una inmensa rabia de la mala suerte de
su hermana, no se merecía esto.
Al colgar, pensó que aún le faltaba llamar al pendón
de Tobías, Marcos estaba de viaje, era marinero y no sabía si estaría por esas
fechas aunque lo trataría. Los veía poco, aunque los cuatro, se tenían un
inmenso cariño.
“Les quiero comunicar el lamentable fallecimiento de Juan Alcaraz y siendo usted su hijo, le comunico que mañana a las once horas, será enterrado junto a su mujer como fue su última voluntad. Como imagino que sabe usted, su padre vivía en el pueblo abandonado de Mular del Ciervo, pero este consistorio que yo presido (Santo Tomas del Pinar) se hacía cargo a nivel administrativo de todo lo concerniente a su padre. El sepelio por el enterrador municipal se efectuara mañana día veinticuatro a las once de la mañana, así se lo comunico por si usted o algún miembro de su familia deseara asistir…”
La cara de Marcos, curtida por el sol, no reflejo nada mientras Lucia se giraba y un par de lágrimas rebeldes salían presurosas. Incomodo, Felipe no supo que decir mientras abrazaba a un emocionado Marcos. En silencio, ninguno de ellos parecía estar preparado para esa noticia y todos, sin decir una palabra se sintieron sin querer, un poco culpables.
24/12/2015
Cuando colgó el teléfono, Felipe se quedó
pensativo, no era la primera vez, sabía que el recuerdo de padre en momentos
bajos le atormentaba en silencio. Aunque todos los demás tomaron el mismo
camino, él se sentía responsable, cobarde por haberle dejado solo, y no, no lo
era, mil veces se había repetido que era ley de vida y aun así, cuando ocurría,
la tristeza era terriblemente profunda en su alma.
A media tarde, mientras los hijos de Lucia
jugaban con él en el comedor y Carmen, andaba preparando la cena de Nochebuena,
llamaron a la puerta, Felipe fue hacia la puerta, estaba feliz, Marcos había
desembarcado y venía a cenar, lo cual le lleno de alegría pues siendo marinero,
no era fácil de ver y más en estas fechas, además, Tobías y su actual pareja, también
venia ¿Qué más podía pedir? Pensó sonriendo. Si, si, faltaba alguien y no podía
evitar pensar en ello aunque fuese unos minutos hasta que ese recuerdo, lo metía
en el rincón más profundo de su mente, escondido, no olvidado.
Al abrir la puerta, se encontró con un motorista
que mientras en una mano sujetaba el casco, de una cartera, sacaba un papel
mientras le preguntaba -¿el señor Felipe Alcaraz?-
-yo mismo respondió desconcertado-
-telegrama urgente, fírmeme aquí por favor-
Dijo mientras le ponía delante una pequeña
pantalla electrónica, entregándole un papel cerrado y marchaba. Desconcertado, cerró
la puerta y sin abrir el sobre, miró a Carmen que había salido de la cocina al oír
el timbre, durante unos segundos ambos se miraron en silencio.
-anda, ábrelo y sabremos que es, lo mismo nos tocó
un premio- ella, así como el, sabían que nunca eran buenas noticias aquellas
que llegaban en un papel con prisas.
A las ocho, llego Lucia junto a Marcos, antes
de abrir la puerta, Felipe ya escuchaba la cantarina sonrisa de su hermana,
ella y Marcos siempre fueron los soñadores de los hermanos, aquellos que de
pequeños, eran las risas que animaban aquel pueblo moribundo.
-¿Qué pasa feo?- le dijo riendo Marcos a su
hermano mientras le daba un fuerte abrazo -¿Dónde está la mujer más bonita de
esta casa?- preguntó mientras besaba y abrazaba a Carmen y Lucia se fundía en
un abrazo con sus hijos.
Ni Carmen ni Felipe, lograron que en su cara
no se reflejara la desazón que sentían en esos momentos, y ante la mirada
inquisitiva de Marcos, solo fue capaz de entregarle ese telegrama que
descansaba en su mano.
“Les quiero comunicar el lamentable fallecimiento de Juan Alcaraz y siendo usted su hijo, le comunico que mañana a las once horas, será enterrado junto a su mujer como fue su última voluntad. Como imagino que sabe usted, su padre vivía en el pueblo abandonado de Mular del Ciervo, pero este consistorio que yo presido (Santo Tomas del Pinar) se hacía cargo a nivel administrativo de todo lo concerniente a su padre. El sepelio por el enterrador municipal se efectuara mañana día veinticuatro a las once de la mañana, así se lo comunico por si usted o algún miembro de su familia deseara asistir…”
La cara de Marcos, curtida por el sol, no reflejo nada mientras Lucia se giraba y un par de lágrimas rebeldes salían presurosas. Incomodo, Felipe no supo que decir mientras abrazaba a un emocionado Marcos. En silencio, ninguno de ellos parecía estar preparado para esa noticia y todos, sin decir una palabra se sintieron sin querer, un poco culpables.
Volvió a sonar el timbre de casa y al abrir, un eufórico Tobías, entro sonriendo
de la mano de una preciosa muchacha.
-¡ya estamos todos¡- grito mientras daba un abrazo a Carmen que fue
quien le abrió la puerta –Carmen, te presento a Silvia, la mujer que me tiene
tontito por ella, si esta mujer no me lleva al altar, ya nadie lo lograra- dijo
riendo mientras miraba a sus hermanos.
Solo la alegría y bromas de los más pequeños, parecían alegrar aquella
mesa. Miriam miró fijamente a su madre –No llores mama y prometo portarme bien
estos días- le dijo muy seria aunque no pudo evitar sacar al final esa sonrisa pícara
que tenía.
-la ama solo está un poco triste, nada más pequeña…el abuelo, ese que queríais
tanto conocer, a muerto, nos lo han dicho hoy y…bueno, mañana os quedareis con
la tía Carmen y el tío Felipe, porque la ama, va al pueblo a su entierro- esto último
lo dijo mirando fijamente a su hermano mayor.
Durante unos segundos nadie habló, -¿sabéis de que me estaba acordando?-
saltó Tobías sonriendo –me vino ahora a la memoria aquellas comidas que cuando
hacia buen tiempo, salíamos todos con los perros a comer al campo, padre
cargado con el hatillo que había preparado la ama-
-siii- sonrió Marcos, tu siempre ibas con aquel joven pastor alemán… ¿Cómo
se llamaba?- sonrió desconcertado por no acordarse.
-Capitán… así le llamamos- sonrió con cierta tristeza Tobías –no sé si
aun estará vivo, ya debe ser muy mayor si aún vive- dijo como hablando para sí
mismo.
A partir de esos momentos, mil anécdotas, recuerdos, parecieron aflorar a
la mente de los hermanos mientras tanto Carmen, como Silvia y los pequeños, no
paraban de reír de las historias que contaban.
-mira que erais brutos- saltó riendo Carmen, si erais peor que la peste.
-no, no, eso ellos que yo era muy buena- indico lucia poniendo cara de
modosa.
-sí, sí, muy modosa- dijo Felipe y señalándose la ceja continuo –pues ya
me dirás quien casi me descalabra de una pedrada- termino mientras el resto de
la mesa aún seguía riendo.
-no os creáis nada- dijo Lucia mirando a sus hijos – es que se metían
siempre conmigo-
-no te creas nada Carmen de lo que dice Lucia, que cuando se enfadaba,
hasta el perro se escondía- le comentó Marcos mientras hacia un gesto de
taparse la cabeza.
-Jo, yo quiero conocer esa casa tan chula donde vivíais- saltó Alex
mientras Miriam asentía con firmeza con la cabeza.
-Pero no creo que fuese buena idea, además la tía Carmen se sentiría muy
triste de que no estuvieseis…-
Trato de justificar Lucia.
-Pues vamos a tener un problema…- empezó a decir Carmen mientras se servía
otra copa, - …porque Felipe y yo, también vamos a ir- terminó mientras por
debajo de la mesa, cogía la mano de su marido y le sonreía a un sorprendido y
sonriente Felipe.
-O séase, que decidir con cual de vuestros tíos estaréis mañana- dijo
sonriendo Carmen.
-Con Marcos va a ser porque yo también quiero ir y de paso, enseñarle a
Silvia donde nací-
Marcos le miro a todos - ¿estáis tontos todos?...niños, ¿qué preferís,
veniros conmigo al pueblo también o un bocadillo y una cantimplora y nos esperáis
en vuestro cuarto?-
L cosa quedo clara y al día siguiente, todos iban a marchar juntos al
pueblo.
lunes, 2 de noviembre de 2015
jueves, 29 de octubre de 2015
domingo, 11 de octubre de 2015
viernes, 9 de octubre de 2015
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